Aluvión deja a santiago en caos: 600 viviendas evacuadas y seis heridos

Por: Redacción

Las fuertes lluvias de esta semana volvieron a exponer la fragilidad de la ciudad: inundaciones, buses y vehículos arrastrados por corrientes de barro y piedras, y barrios enteros aislados. Según la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), alrededor de 600 viviendas fueron evacuadas y seis personas resultaron heridas. El presidente José Antonio Kast declaró zona de catástrofe y el Ejército fue desplegado para apoyar las tareas de limpieza y asistencia.

Las imágenes que circulan en los sectores afectados muestran laderas convertidas en ríos de lodo y calles obstruidas por árboles y escombros. Bomberos y Carabineros trabajaron durante la noche, mientras el Ejército removía sedimentos y piedras para restablecer el paso y facilitar el acceso de brigadas humanitarias. El Ministerio de Obras Públicas reportó cortes en tramos viales y daños en infraestructura menor.

Vecinos que prefirieron no identificarse describen escenas de pánico: casas con agua hasta la cintura, vehículos empujados por la corriente y familias durmiendo en carpas habilitadas por la municipalidad. “Fue como si la quebrada hubiera bajado por mi calle”, dijo una residente a un periodista local, y añadió que en cuestión de minutos perdieron muebles y documentos.

El Gobierno insistió en que la declaración de zona de catástrofe permitirá acelerar recursos y coordinación interministerial. No obstante, organizaciones vecinales y expertos en urbanismo consultados por este diario advierten que se repite un patrón: crecimiento urbano en zonas de riesgo, sistemas de drenaje obsoletos y respuesta a emergencias que atiende el síntoma pero no las causas.

Según la Dirección Meteorológica de Chile, el sistema frontal que afectó a la Región Metropolitana se combinó con suelos saturados por lluvias previas, condicionando el arrastre de materiales. Sin embargo, la crítica apunta a que la previsión temprana y los trabajos preventivos en quebradas y cuencas no han sido suficientes para minimizar el impacto.

Organizaciones sociales recordaron compromisos incumplidos. La municipalidad afectada informó que se habilitaron albergues y centros de atención primaria coordinados con Onemi y el Ministerio de Salud, pero vecinos sostienen que la ayuda llegó con demoras y que el acceso a medicamentos y atención para adultos mayores fue irregular.

La intervención militar, según el Ejército, se centró en despejar vías y entregar apoyo logístico a equipos municipales. Esta medida, recurrente en desastres, plantea preguntas sobre la inversión civil: ¿por qué se depende de fuerzas armadas para tareas que podrían liderar servicios de obras públicas y protección civil con recursos permanentes y mejor planificación?

Los daños económicos y sociales aún están por cuantificarse. Comerciantes de sectores populares reportan pérdidas por filtraciones y rotura de mercadería, mientras escuelas y centros culturales evalúan reparaciones. ONEMI y la Seremi de Salud realizan catastro de viviendas afectadas y personas desplazadas, según informaron en la tarde.

Este aluvión vuelve a poner en primer plano dos debates públicos: la necesidad urgente de políticas de adaptación climática con criterios de justicia territorial, y la fiscalización del uso del suelo. Expertos consultados por el periódico señalan que pequeñas inversiones en obras de mitigación —desazolves regulares, reforestación de cuencas, contención en quebradas— podrían reducir el riesgo en gran medida si se combinan con restricciones claras a la construcción en sectores vulnerables.

Mientras tanto, las familias afectadas piden soluciones inmediatas y garantías a mediano plazo. “Queremos que los políticos vean esto como algo más que una foto para la prensa”, dijo una dirigente vecinal. Organizaciones comunitarias llaman a la solidaridad y a participar en los censos de damnificados liderados por Onemi y las municipalidades.

La ciudad, dice el testimonio de una médica que atendió heridos leves en un consultorio local, necesita una respuesta que no se limite a apagar fuegos: “Hay que proteger a la gente antes de la próxima lluvia”. El desafío será transformar la emergencia en políticas públicas sostenibles que reduzcan la vulnerabilidad de quienes viven en la periferia y en laderas expuestas al riesgo.

Fuentes: Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), Ministerio de Obras Públicas, Bomberos, Carabineros, Ejército y Dirección Meteorológica de Chile.

Con información e imágenes de: France 24