Simón se intensifica a categoría 4 y pone en riesgo costas de Colima y Jalisco

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) informó que el huracán Simón alcanzó vientos máximos sostenidos de 220 kilómetros por hora, lo que lo ubica ya en categoría 4 en la escala Saffir-Simpson. El sistema se aproxima a la costa del Pacífico mexicano y amenaza con vientos extremos, oleaje elevado y lluvias intensas que pueden desatar inundaciones y deslaves en zonas vulnerables de Colima y Jalisco.

Simón no es solo una cifra en un boletín técnico: para comunidades costeras como Manzanillo y municipios ribereños de Jalisco, significa cortar la respiración. El mar puede convertirse en una pared de agua; las calles, en ríos. Conagua insiste en la incertidumbre del track y en la posibilidad de un fortalecimiento adicional antes del impacto, por lo que las autoridades llaman a no bajar la guardia.

Gobiernos estatales y la Coordinación Nacional de Protección Civil han activado protocolos de emergencia y han advertido sobre el riesgo de afectaciones a la infraestructura portuaria, la red eléctrica y la vivienda precaria. Aun así, comunidades y colectivos locales reportan que la información llega con retraso a zonas rurales y que los refugios temporales no siempre están listos para recibir a familias con mascotas o con necesidades especiales.

La situación revela dos realidades que se superponen: por un lado, procedimientos instituidos para responder a fenómenos meteorológicos; por otro, fragilidades estructurales que permanecen. El historial de subinversión en drenaje urbano, en vivienda resistente y en comunicación de emergencias convierte a huracanes como Simón en prueba de estrés para la capacidad del Estado. No basta con emitir boletines: hace falta garantizar transporte, mapas de riesgo claros y recursos para quienes no pueden autoevacuarse.

Qué esperar y qué hacer: las autoridades piden a la población de zonas costeras cerrar puertas, asegurar techos y objetos sueltos, y evitar transitar por áreas inundables. Se recomienda preparar un kit de emergencia con documentos, agua y medicinas. Conagua y Protección Civil recuerdan que el mayor peligro puede venir de las lluvias fuera de la franja costera: ríos, barrancas y laderas pueden volverse letales.

También hay un factor que no conviene perder de vista: el calentamiento del océano, documentado por instituciones nacionales e internacionales, aumenta la probabilidad de tormentas más intensas. Eso no convierte a Simón en «culpa» de una sola administración, pero sí exige políticas públicas de largo plazo: inversión en mitigación, planificación urbana con criterio de riesgo y fortalecimiento de la red de alerta temprana.

En este momento, la prioridad es minimizar daños y proteger vidas. Los ojos del país deben estar en la coordinación entre Conagua, la Secretaría de Marina, la Coordinación Nacional de Protección Civil y los gobiernos estatales de Colima y Jalisco. Y los oídos, en los avisos oficiales; las decisiones tomadas en las próximas horas marcarán la diferencia entre daños previsibles y tragedias evitables.

Fuente: Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Con información e imágenes de: Latinus