Protestas en Francia dejan 6% de liceos cerrados y exigen 250.000 plazas

París, 8 de octubre. Este jueves, miles de estudiantes de secundaria y universitarios volvieron a salir a las calles y a bloquear centros educativos en toda Francia para reclamar más recursos, 250.000 plazas universitarias adicionales y el fin de la selección por Parcoursup. Según el Ministerio de Educación Nacional, de los 3.700 centros del país 224 permanecen totalmente cerrados y 151 han reabierto solo de forma parcial, lo que sitúa alrededor del 6% de los liceos sin clase completa.

La movilización, apoyada por varios sindicatos docentes, no es solo una protesta de jóvenes airados: es la expresión de una tensión acumulada. Las organizaciones estudiantiles pidieron ser recibidas por el primer ministro, Sébastien Lecornu, y reclaman una respuesta inmediata que vaya más allá de promesas vagas. En palabras del Ministerio de Educación Nacional, las cifras son un termómetro de la paralización en la enseñanza secundaria; para los estudiantes, son la evidencia de un acceso a la educación cada vez más desigual.

El bloqueo afecta a vidas concretas: alumnos que pierden días clave de preparación para exámenes, familias que tienen que reorganizar turnos laborales para cuidar a hijos, y docentes que ven alterada su programación escolar. Además, la exigencia de 250.000 plazas adicionales choca con la realidad presupuestaria y la situación de infraestructuras ya saturadas en muchas universidades. El sistema Parcoursup, criticado por crear listas de espera y selección por criterios que muchos consideran arbitrarios, se ha convertido en el catalizador del descontento.

Desde una perspectiva crítica y de centro-izquierda, la protesta obliga a preguntarse si la política pública actual protege el derecho a la educación o prioriza la gestión administrativa por encima de la inclusión social. Es cierto que crear 250.000 plazas supone un desafío económico y logístico; también es cierto que mantener la inercia del sistema de acceso dejará a una generación en desventaja. El equilibrio exige inversión concertada, planificación realista y una mesa de negociación con estudiantes, docentes y autoridades.

Los sindicatos docentes sostienen que la movilización no surgió de la nada: años de recortes y de aumento de ratios por aula han erosionado la calidad educativa. Para las organizaciones estudiantiles, la eliminación de la selección a través de Parcoursup es vista como una medida de justicia social que abriría oportunidades a quienes hoy quedan fuera por criterios no académicos. Ambas demandas coinciden en la necesidad de más recursos y de una reforma que ponga a las personas, no a los procesos, en el centro.

La semana que viene será clave: el Gobierno puede optar por una respuesta negociada —con compromisos presupuestarios y un calendario claro— o por medidas de contención que aumenten la fractura con la comunidad educativa. Si se repite el patrón de promesas sin financiamiento, las movilizaciones podrían intensificarse. Como ilustró el propio Ministerio de Educación Nacional al publicar las cifras, los números no son abstractos: son aulas vacías, profesores desbordados y jóvenes preocupados por su futuro.

En definitiva, Francia se enfrenta a una encrucijada: reformar el acceso a la universidad y reforzar la educación secundaria con recursos reales, o arriesgarse a que la protesta social se consolide y se contagie a otros sectores. El diálogo, con datos en la mano y plazos verificables, sigue siendo la única salida que evita transformar una crisis educativa en una crisis social.

Con información e imágenes de: France 24