Hutíes resisten a ofensiva respaldada por Riad: ¿movimiento táctico o desgaste prolongado?

Tras semanas de reveses, el Gobierno yemení y Arabia Saudita dicen haber lanzado una contraofensiva «estratégica». Los hutíes lo niegan y la población sufre las cuentas del conflicto.

Las fuerzas gubernamentales de Yemen, apoyadas por la aviación saudita, anunciaron durante el fin de semana una contraofensiva para recuperar terreno frente a los hutíes, también conocidos como Ansar Allah. Según reportes de Reuters y Associated Press, autoridades militares aseguraron avances en varios frentes, pero los rebeldes chiitas negaron esas ganancias y presentaron resistencia sostenida.

Este tira y afloja recuerda a una partida de ajedrez en la que cada movimiento se paga en vidas: la retórica de avances oficiales choca con la realidad habitual del terreno, donde la fragmentación del país y la capacidad de los hutíes para operar con tácticas asimétricas complican cualquier victoria clara. BBC y Al Jazeera han señalado que las declaraciones enfrentadas dificultan verificar cambios sustantivos sobre el terreno.

La dimensión regional no puede ignorarse. Riad respalda al Gobierno yemení; Teherán sigue siendo acusado de apoyar a los hutíes. Para la población, esas alianzas son menos geopolítica que factura cotidiana: interrupciones en el abastecimiento de combustible, hospitales con recursos exiguos y desplazamientos internos que, según informes de la ONU, agravan una crisis humanitaria ya antigua.

Desde una perspectiva crítica, conviene preguntar si la narrativa de «ofensiva estratégica» es una herramienta para recuperar legitimidad política y justificar bombardeos con alto costo civil. Los registros de Human Rights Watch y de la Comisión de la ONU han documentado reiteradamente los efectos sobre civiles cuando las potencias externalizan sus disputas en Yemen.

No todo es desolación: el pulso actual abre una ventana para la diplomacia y la sociedad civil. Organizaciones humanitarias, según informa OCHA, insisten en corredores de ayuda y en negociaciones que acompañen cualquier movimiento militar. La experiencia muestra que la única salida duradera pasa por combinar presión internacional, acuerdos locales y medidas concretas para proteger servicios básicos.

En las próximas semanas será clave la verificación independiente de los frentes, la transparencia de las partes y, sobre todo, la protección de la población. Como dice la realidad cotidiana en Yemen, las líneas de frente se dibujan también en la factura del hospital, en la falta de agua y en las aulas cerradas. La política puede ganar titulares; la gente paga las consecuencias.

Fuentes: Reuters, Associated Press, BBC, Al Jazeera, Naciones Unidas, Human Rights Watch, OCHA.

Con información e imágenes de: France 24