Hutíes guardan silencio en Yemen ante la contraofensiva apoyada por Riad

Saná — Tras varias semanas de reveses para las fuerzas leales al gobierno yemení, una contraofensiva presentada como «estratégica» por el Ministerio de Defensa y por la coalición liderada por Arabia Saudí activó el fin de semana una serie de ataques aéreos y movimientos terrestres en distintos frentes. Sin embargo, el silencio de los hutíes ante esos anuncios ha sorprendido a analistas y a poblaciones atrapadas entre ambas partes.

Fuentes oficiales yemeníes aseguran que, con apoyo de la aviación saudí, lograron avances en sectores clave; Reuters y Al Jazeera señalan que esas afirmaciones no han sido verificadas de manera independiente sobre el terreno. Por su parte, el canal controlado por los rebeldes, Al‑Masirah, niega los avances y acusa a las fuerzas gubernamentales de inflar logros para ganar respaldo interno y externo.

Este cruce de versiones deja, como siempre, a la población civil en el centro del daño. Habitantes de la provincia de Marib y de varios distritos del oeste relatan cortes de agua, desplazamientos y mercados vacíos. Un comerciante en Marib citado por Reuters dijo que las familias ya no confían en los comunicados: «Cada semana hay una buena noticia oficial y cada semana tenemos que recoger los escombros».

El silencio hutí, interpretado por algunos expertos como táctica o como señal de refracción operativa, complica la verificación independiente. Analistas consultados por Al Jazeera explican que los rebeldes han reducido históricamente su presencia mediática en momentos en que buscan reagruparse o preservar líneas de suministro, evitando así dar pistas al enemigo.

Desde una perspectiva política, la operación apoyada por Riad busca recuperar iniciativa tras meses de pérdidas territoriales y de desgaste internacional por los costos humanos del conflicto. No obstante, la estrategia tiene efectos contraproducentes: cada escalada aérea profundiza la crisis humanitaria y fortalece narrativas que favorecen a actores armados que se presentan como protectores locales. Naciones Unidas y organizaciones humanitarias han vuelto a advertir sobre el riesgo de nuevas olas de desplazamiento y del colapso de servicios básicos.

Es legítimo que un gobierno quiera mostrar resultados. Pero inflar o traducir combates en «victorias estratégicas» sin verificación debilita la confianza ciudadana y dificulta el acceso de ayuda. El silencio de los hutíes, en ese marco, debería obligar a todas las partes y a la comunidad internacional a priorizar mecanismos de verificación y rutas humanitarias seguras para civiles.

Periodistas y organizaciones internacionales, entre ellas Reuters y la ONU, llaman a la prudencia: las cifras de bajas y los mapas de control territorial varían según la fuente. En ese sentido, la transparencia informativa no es un lujo sino una herramienta para proteger vidas. Sin ella, la política se vuelve puro rumor y la gente común, la moneda de cambio más frágil.

La pregunta que queda en Yemen es simple y urgente: mientras los bandos se anuncian victorias y callan movimientos, ¿quién responderá por las escuelas cerradas, por los hospitales sin medicinas y por las familias que solo piden poder volver a sus casas? La comunidad internacional, incluida la ONU y organizaciones como la Cruz Roja, debe presionar por acceso inmediato y por un alto el fuego que no sea letra muerta en comunicados oficiales, sino una realidad para quienes viven esta guerra cada día.

Fuentes: Reuters, Al Jazeera, Ministerio de Defensa de Yemen, Al‑Masirah y Naciones Unidas.

Con información e imágenes de: France 24