Proponen que la Constitución reconozca a los migrantes mexicanos y sus derechos

La diputada Roselia Suárez Montes de Oca (Morena) presentó una iniciativa para reformar el artículo 2º de la Constitución y reconocer expresamente a la comunidad mexicana migrante como parte de la nación, “residentes tanto en México como en el exterior”, según un comunicado oficial de la Cámara de Diputados.

La propuesta no se queda en un gesto simbólico: busca reconocer la aportación económica y social de quienes viven fuera —principalmente en Estados Unidos y Canadá—, garantizar que gocen de todos los derechos consagrados en la Carta Magna sin importar su situación migratoria, y obligar al Estado a proteger sus derechos humanos dondequiera que residan. Además plantea que la ley establezca mecanismos de participación democrática directa y representación paritaria y proporcional de la diáspora en el Congreso de la Unión y en los congresos locales.

En palabras de la legisladora, reproducidas en el comunicado oficial, las remesas enviadas por las y los mexicanos en el extranjero “juegan un papel determinante en el combate a la pobreza, la promoción del bienestar y la reactivación de los circuitos económicos” en sus comunidades de origen. Traducido al lenguaje cotidiano: para muchas familias rurales y urbanas las transferencias desde afuera son el oxígeno que mantiene una pequeña economía local.

Si se aprobara la reforma, el reconocimiento quedaría a nivel constitucional; faltaría después la ley secundaria que detalle cómo votar, cómo se elegirá a representantes de la comunidad en el extranjero y cómo se harán efectivas las protecciones fuera del territorio mexicano. Ahí empiezan escolíos prácticos no menores: México no puede imponer sus leyes a otros Estados, la protección consular tiene límites y garantizar derechos a quienes están en situación irregular implica coordinarse con autoridades y organizaciones en terceros países.

La iniciativa fue turnada a la Comisión de Puntos Constitucionales. El camino constitucional exige mayoría calificada, por lo que su avance dependerá de negociaciones políticas y de cómo los partidos entiendan el costo y beneficio político de abrir espacios de representación para la diáspora.

La propuesta abre una discusión legítima: reconocer a millones de connacionales que mantienen lazos económicos y culturales con México es una deuda histórica. Pero convertir ese reconocimiento en derechos efectivos requerirá leyes claras, recursos y diplomacia estratégica. Para las familias que reciben remesas y para quienes buscan ser escuchados desde fuera, el reto es pasar del enunciado al puente: una Constitución que no sólo los nombre, sino que garantice mecanismos reales para participar y ser protegidos.

Con información de: Cámara de Diputados