Sheinbaum participa en simulacro nacional y pone en foco la prevención

Tras encabezar el izamiento de la bandera a media asta en el Zócalo capitalino, la presidenta Claudia Sheinbaum se sumó al simulacro nacional acompañada por su gabinete legal y ampliado, informó la Presidencia. El ejercicio se realizó antes de su salida hacia Ciudad Juárez y, según el Gobierno, buscó medir la coordinación entre dependencias y afinar protocolos de respuesta ante emergencias.

En términos sencillos, el simulacro funcionó como un chequeo: sirvió para verificar alarmas, recorridos de evacuación y la comunicación entre áreas. La organización del ejercicio quedó en manos del Sistema Nacional de Protección Civil y con la participación de instituciones como la Secretaría de Gobernación y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), que desde hace años insisten en la necesidad de mantener comunidades preparadas tras los terremotos de 2017.

Que la jefatura del Ejecutivo esté presente tiene un valor simbólico: pone la prevención en agenda y obliga a visibilizar recursos y responsabilidades. Pero el gesto no debe confundirse con la solución. Un simulacro bien ejecutado es útil, pero no sustituye las inversiones sostenidas en infraestructura segura, la fiscalización del cumplimiento de normas de construcción ni la capacitación persistente en escuelas y barrios.

Fuentes oficiales dijeron que el ejercicio incluyó pruebas de comunicación interinstitucional y simulaciones de atención a personas en situación de vulnerabilidad. No obstante, especialistas consultados en otras ocasiones por CENAPRED y organizaciones civiles han señalado que muchas alarmas y planes son efectivos en el papel, pero insuficientes cuando falta mantenimiento, financiamiento o voluntad política para corregir fallas estructurales.

La experiencia reciente demuestra dos caras: por un lado, la visibilidad presidencial empuja a que dependencias rindan cuentas y publiquen resultados; por otro, los ciudadanos perciben con escepticismo que los simulacros queden como actos puntuales. La prevención debe traducirse en partidas presupuestales claras, rutas de evacuación accesibles para personas con discapacidad, protocolos adaptados a escuelas y centros de salud y, sobre todo, transparencia en los ejercicios posteriores: ¿qué se detectó?, ¿qué se va a corregir?, ¿cuál es el calendario?

Si la Presidencia y el Sistema Nacional de Protección Civil quieren que estos ejercicios sirvan de verdad, deben acompañarlos con informes públicos y compromisos concretos: asignación de recursos, inspección de edificaciones y participación comunitaria constante. Un simulacro es como una radiografía: muestra lo que está mal, pero no lo arregla por sí solo. La pregunta pendiente es si ese diagnóstico conducirá a tratamientos reales que reduzcan riesgos y salven vidas.

La respuesta de fondo requiere que la prevención deje de ser solo un acto protocolario y pase a ser política pública con presupuesto, seguimiento y participación ciudadana. Esa, más que la foto del gabinete alineado, es la prueba que importa.

Con información e imágenes de: informador.mx