Pisa hunde a méxico y reabre el debate sobre ocho años de política educativa

La caída en las pruebas de la OCDE desata críticas, voces de la sociedad y preguntas sobre el rumbo de la Cuarta Transformación

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicó los últimos resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) y, una vez más, colocó a México por debajo del promedio de países de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias. El revés no es solo estadístico: se lee en las aulas, en las oportunidades que dejan de abrirse para millones de jóvenes.

Jorge Loret de Mola calificó estos resultados como una “catástrofe” atribuible a los ocho años de gestión educativa de la llamada Cuarta Transformación. Esa postura coincide con la alarma ciudadana, pero el diagnóstico exige matices: la caída de México en PISA es resultado de decisiones políticas, recortes institucionales y de la propia vulnerabilidad estructural del sistema educativo.

Entre los cambios que expertos y organismos internacionales han señalado como relevantes está la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en 2019 y la transformación de los mecanismos de evaluación docente. Esos movimientos redujeron espacios de medición independiente y orientación técnica, lo que complica ajustes oportunos en políticas públicas.

El impacto es tangible: menos comprensión lectora significa más jóvenes con dificultades para seguir estudios superiores, para emplearse en trabajos bien remunerados o para entender información básica de salud y ciudadanía. La brecha regional y socioeconómica sigue marcando la diferencia: escuelas urbanas privadas avanzan mientras muchas públicas permanecen rezagadas por falta de infraestructura, materiales y formación continua para docentes.

No todo es oscuridad. México mantiene maestros comprometidos y programas locales que han mostrado mejoras puntuales. Sin embargo, la respuesta nacional requiere decisiones claras: recuperar la evaluación independiente, invertir de manera sostenida en formación docente y apoyo escolar, priorizar la infraestructura en comunidades marginadas y diseñar programas de recuperación educativa basados en evidencia.

La OCDE aporta los números; la discusión pública debería aportar soluciones. Loret de Mola y otros críticos han puesto el foco sobre el gobierno y la Secretaría de Educación Pública. Es legítimo exigir cuentas, pero también es necesario que la crítica impulse propuestas viables y participación ciudadana.

Si el país quiere dejar de leer titulares preocupantes, hará falta más que palabras: políticas sostenidas, autonomía técnica para evaluar resultados y una apuesta real por la equidad educativa que traduzca el presupuesto en mejoras concretas dentro del salón de clases.

Fuente: OCDE (PISA), declaraciones públicas de Jorge Loret de Mola y análisis de políticas educativas nacionales.

Con información e imágenes de: informador.mx