Ataque en Zona Esmeralda: asesinan a tecladista ligado a Camilo Séptimo y a tres integrantes de su familia
La Fiscalía del Estado de México confirmó que en un domicilio de Zona Esmeralda fueron hallados cuatro cuerpos; la violencia alcanza incluso a zonas residenciales de alto poder adquisitivo.
Jonathan Meléndez, tecladista vinculado a la agrupación Camilo Séptimo, fue localizado sin vida junto a su esposa, su hija de tres años y una empleada doméstica en una residencia de Zona Esmeralda, en el municipio de Atizapán de Zaragoza, informó la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM).
Las autoridades indicaron que ya se abrió una carpeta de investigación por homicidio. Hasta el cierre de esta nota no se habían dado a conocer detalles sobre la mecánica del ataque, el número de agresores o el posible móvil. Fuentes oficiales de la FGJEM señalaron que peritos trabajan en el lugar para recabar evidencias y esclarecer los hechos.
Vecinos consultados por este medio describen sorpresa e indignación: Zona Esmeralda es vista como un refugio de seguridad relativa, pero el crimen volvió a mostrar que la violencia no respeta códigos socioeconómicos. La pérdida de una niña de tres años añade una dimensión de horror que reverbera en la comunidad y en el ambiente cultural: la música como oficio también expone a vulnerabilidades reales.
La banda Camilo Séptimo, de la cual Meléndez era cercano, aún no ha ofrecido un comunicado formal, pero en redes sociales circulan mensajes de consternación y condolencias de colegas y público. Este crimen plantea preguntas sobre la protección a artistas y a sus familias, así como sobre la respuesta y prevención por parte de las instituciones encargadas de la seguridad.
Desde una mirada crítica y con datos en mano, este caso obliga a repensar políticas públicas: no basta con patrullajes visibles si no hay investigación eficaz, combate a la impunidad y programas que atiendan factores sociales que alimentan la violencia. El que un ataque de esta gravedad ocurra en una zona residencial deja claro que la seguridad no se compra con muros; se construye con estrategia, coordinación y justicia efectiva.
Organizaciones civiles y colectivos culturales han exigido a la FGJEM transparencia en las investigaciones y medidas concretas para proteger a víctimas y testigos. A corto plazo, las demandas incluyen acelerar peritajes, garantizar protección a allegados que puedan tener información y aclarar cualquier vínculo criminal que pudiera explicar el ataque. A largo plazo, señalan la necesidad de políticas públicas que combinen prevención del delito, acceso a la justicia y programas de apoyo para trabajadores de la cultura y empleadas domésticas, perfiles que aparecen en esta tragedia.
Las autoridades estatales deben informar con claridad sobre avances en la investigación y ofrecer datos verificables, tal como exige la sociedad. Mientras tanto, la pérdida de cuatro vidas —incluida una niña— deja una herida abierta en el entorno cultural y comunitario. La FGJEM es la fuente oficial de la investigación; corresponde ahora que entregue resultados que permitan castigar a los responsables y evitar que historias así se repitan.
Este medio seguirá el caso y exigirá precisión y transparencia en el proceso. La justicia no puede quedar en manos del silencio ni de la indiferencia institucional.

