Padre Romanelli: sobrevivir en Gaza es un acto de resistencia bajo los escombros
Mientras la atención internacional se desplaza hacia nuevos frentes en el Líbano e Irán, el corazón de Gaza sigue latiendo bajo una ciudad reducida a polvo. Esa imagen la dibuja con crudeza el padre Gabriel Romanelli, párroco argentino que, tras tres décadas de misión en la región, se niega a abandonar la iglesia de la Sagrada Familia y a su comunidad, según contó a France 24.
Romanelli describe la supervivencia cotidiana como “un acto de resistencia extrema”: familias que improvisan refugios entre escombros, personas que caminan kilómetros en busca de agua y medicinas, hospitales desbordados y servicios básicos colapsados. Sus relatos coinciden con los informes de Naciones Unidas y organismos humanitarios que alertan sobre desplazamiento masivo, falta de acceso a atención médica y una crisis alimentaria que se agrava con cada día de bloqueo y combates.
La presencia del religioso no es solo simbólica. En una franja donde las organizaciones internacionales enfrentan grandes limitaciones para operar, la iglesia funciona como punto de apoyo para distribuir ayuda, documentar necesidades y ofrecer consuelo. Es también una voz crítica que señala errores institucionales: la insuficiente protección de civiles, la burocracia que entorpece corredores humanitarios y la respuesta internacional que a menudo se queda en palabras.
Desde un enfoque de centro-izquierda, la denuncia de Romanelli obliga a preguntar por las decisiones políticas que aumentan el sufrimiento. El despliegue militar, los bloqueos territoriales y la fragmentación de ayudas son políticas que afectan directamente la vida cotidiana de la población civil. Las consecuencias no son abstractas: son retazos de infancia robada, escuelas destruidas, economías locales arrasadas y una generación que crece entre traumas.
Pero su testimonio no es únicamente pesimismo. Habla de redes de solidaridad locales, profesionales de la salud que improvisan quirófanos, vecinos que comparten raciones y organizaciones pequeñas que logran abrir huecos humanitarios donde las grandes instituciones no llegan. Agentes de la sociedad civil que, en palabras de Romanelli, sostienen la vida cuando las instituciones fallan.
Las recomendaciones que se repiten entre expertos y ONG son claras: priorizar corredores humanitarios seguros, garantizar la protección de civiles conforme al derecho internacional y abrir vías sostenibles para la llegada de alimentos, agua y medicinas. Naciones Unidas y la Cruz Roja han insistido en que sin acceso humanitario pleno las medidas paliativas serán insuficientes.
La voz del padre Romanelli, recogida por France 24, interpela a gobiernos y organismos: no basta con declaraciones; hacen falta medidas concretas que reduzcan la violencia sobre la población civil y permitan reconstruir tejido social. Mientras tanto, en Gaza, la supervivencia es un trabajo cotidiano de resistencia que realizan personas comunes, con el aplomo y la fragilidad que solo quien vive el conflicto en carne propia puede describir.
