Sobrevivientes exigen un hogar tras doble sismo: la reconstrucción que no llega

Desde los campamentos improvisados, las personas que sobrevivieron al doble sismo del 24 de junio cuentan a France 24 cómo se reordenó la vida en segundos. Entre lágrimas por los muertos y la espera interminable, reclaman lo más elemental: un techo digno y un plan de reconstrucción claro y transparente.

La información oficial reporta más de 6.400 muertos y alrededor de 86.000 personas aún atendidas en hospitales, cifras que condensan una tragedia humanitaria y la falla de sistemas que debieron proteger a la población. Mientras tanto, en las carpas y canchas convertidas en refugio, las historias son de pérdida, miedo y resignación. Muchas familias duermen sobre colchones en el suelo; otras improvisan cocinas al raso. Según testimonios recogidos por France 24, las personas no piden caridad: exigen políticas públicas que les devuelvan la dignidad.

La respuesta estatal, que incluye envíos de ayuda y promesas de reconstrucción, ha sido percibida por comunidades y organizaciones civiles como insuficiente y poco transparente. La lentitud para evaluar daños, la falta de catastros públicos y la ausencia de un plan de vivienda con plazos concretos alimentan la desconfianza. En palabras de un vecino entrevistado por France 24, “no queremos limosna, queremos un hogar donde nuestros hijos puedan dormir sin miedo”.

Los servicios de salud están desbordados. Hospitales, según las cifras oficiales, atienden a decenas de miles; el personal enfrenta escasez de insumos y largas jornadas mientras muchos pacientes siguen siendo operados en instalaciones provisionales. Bajo los escombros permanecen aún personas sin localizar, y el trabajo de recuperación se complica por la falta de maquinaria y seguridad en las zonas afectadas.

Ante la emergencia, la sociedad civil y organizaciones comunitarias han emergido como redes de apoyo: cocinas comunitarias, brigadas de rescate vecinal y centros de atención psicológica improvisados intentan tapar huecos que la acción institucional no alcanza. Ese tejido social es hoy la principal red de seguridad, pero no puede sustituir una política pública robusta de reconstrucción y garantías habitacionales.

La reconstrucción requerirá más que ladrillos. Implica transparencia en el manejo de recursos, participación de las comunidades afectadas en la planificación, controles ciudadanos y programas de apoyo integral que incluyan salud mental, empleo y escolaridad. Es un momento para exigir responsabilidades y, al mismo tiempo, para pensar en una reconstrucción que deje atrás la precariedad estructural que hizo a tantas familias vulnerables frente al temblor.

Si el país aspira a recuperar algo más que casas, necesita políticas públicas que den prioridad a la vida cotidiana: acceso a la vivienda, hospitales con capacidad real y procesos participativos que garanticen que las personas afectadas sean protagonistas de su propio regreso. La voz de quienes han perdido todo, recogida por France 24, no es solo un reclamo urgente: es una hoja de ruta para no repetir errores.

Con información e imágenes de: France 24