De lonas a bolsos: la guerra de la basura política se convierte en moda
En la ciudad tapizada de pancartas, un diseñador transforma la propaganda en tendencia y deja al descubierto una falla: la política que contamina no asume su desecho.
DOMINGA. La postal es tan mexicana como inquietante: calles y plazas cubiertas de lonas, gorras y volantes que, terminada la contienda, permanecen meses y años clavados al paisaje urbano. De ese exceso nació Pancarta, la marca de Mizael Perea, un diseñador de 35 años que cose lonas electorales para convertirlas en bolsos y vestidos irónicos. Lo que para unos es basura, para otros es moda y denuncia. Pero la historia tiene doble filo: exhibe un problema ambiental, una laguna legal y una oportunidad política.
La cifra que duele
Según la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano, la Ciudad de México acumuló alrededor de 25 mil toneladas de basura electoral en 2024, frente a unas 10 mil en 2018. Esos materiales —lonas de PVC o polietileno, volantes y pendones— no sólo saturan el espacio público: generan microplásticos, ponen en riesgo ecosistemas y, en el caso del PVC, liberan sustancias tóxicas (dioxinas y furanos) si se incineran, como advierten organizaciones ambientales como Greenpeace.
De la lona al maniquí
En su taller del Centro Histórico, Mizael guarda decenas de lonas: la presidenta con el puño en alto convertida en vestido strapless, el rostro maquillado de políticos en bolsos y hasta una versión drag de Donald Trump con la leyenda “Make America LGBT Again”. Su discurso es directo: “Vestir es un acto político: con las prendas que eliges, expresas tus ideas del mundo”. Con ironía y sátira, Pancarta interpela a votantes, partidos e instituciones que siguen generando residuos sin plan claro de manejo.
Leyes que prometen, práctica que falla
La legislación electoral obliga a partidos y candidatos a retirar y reciclar su propaganda en los siete días posteriores a la jornada y exige, en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, que la propaganda impresa sea reciclable y no contenga sustancias tóxicas. El Reglamento del INE obliga además a reportar los materiales usados una semana antes de las campañas. Sin embargo, en la práctica muchos eventos no oficiales —mitines, informes, celebraciones— quedan fuera del control, y no hay datos públicos confiables sobre recolección o destino final de estos residuos.
El Código Penal del ahora Ciudad de México prohíbe a servidores públicos apropiarse o destruir propaganda política, pero no sanciona a ciudadanos que la retiren. Ese vacío genera conflictos cotidianos: Mizael recuerda haber discutido con una vecina que cobraba por guardar lonas y que reclamó cuando él y su madre intentaron removerlas de un parque.
Impactos concretos
- Ambiental: microplásticos, contaminación de suelos y cuerpos de agua; PVC difícil de reciclar y peligroso si se incinera.
- Visual y urbano: saturación del paisaje público, obstrucción de espacios y juegos infantiles.
- Social y económico: costos ocultos de limpieza, falta de transparencia sobre quién paga la recolección y el destino de los residuos.
Un mapa simple de materiales
| Año | Toneladas estimadas (CDMX) | Materiales predominantes |
|---|---|---|
| 2018 | 10,000 | Polietileno y PVC |
| 2024 | 25,000 | Polietileno y PVC, mayor uso de lonas de alta resistencia |
¿Qué se puede hacer? Propuestas prácticas
- Obligar por ley el uso de materiales biodegradables o fácilmente reciclables en toda propaganda, no sólo la oficial.
- Exigir a partidos y candidatos planes de retiro y destino final verificados públicamente, con sanciones por incumplimiento.
- Crear convenios con recicladores y productores para recuperar y reincorporar materiales en cadenas productivas.
- Promover campañas digitales y alternativas que reduzcan la dependencia de lona plástica.
- Incentivar proyectos de economía circular, como Pancarta, mediante apoyos y compra institucional de productos reutilizados.
Testimonio
“Mi mejor escenario es que, un día, mi materia prima deje de existir”, dice Mizael. Su deseo es claro: que desaparezcan las lonas que alimentan su oficio, porque significaría que la política cambió para generar menos desperdicio.
Conclusión
La moda que nace de la basura electoral expone una contradicción: la política usa y abandona materiales que luego terminan en manos de creativos, en vertederos o en ríos. Es una oportunidad y una afrenta. Si la propaganda es hoy un arma de presencia pública, entonces la pregunta que debemos hacernos es sencilla y urgente: ¿quién paga por esa presencia cuando termina la campaña? La respuesta define si el futuro será un paisaje urbano limpio o una pasarela de desechos.
