Antes de volver a clases: las vacunas que nadie te recuerda checar
Las autoridades sanitarias insistieron en que la manera más sencilla de comprobar si un estudiante cuenta con protección adecuada es revisar su Cartilla Nacional de Salud.
La cartilla es, en efecto, la radiografía más clara de la protección de niñas, niños y adolescentes. La Secretaría de Salud y el IMSS lo repiten a coro: antes de comprar útiles o uniformes conviene dedicar unos minutos a revisar fechas y dosis. No es un trámite burocrático, es prevención básica que evita brotes y estrés familiar cuando la escuela exige constancias.
¿Qué vacunas conviene checar primero? La Secretaría de Salud recomienda confirmar la aplicación de la triple viral (SRP: sarampión, rubéola y parotiditis), las dosis de refuerzo contra difteria, tos ferina y tétanos, las dosis contra polio y la protección contra hepatitis B. Para adolescentes, la vacuna contra el virus del papiloma humano es clave y la influenza se recomienda anualmente, sobre todo en temporada escolar. La varicela y los esquemas infantiles pendientes también deben revisarse.
Estas vacunas no son un capricho: la Organización Mundial de la Salud y UNICEF han alertado que la disminución en coberturas por la pandemia y la desinformación aumenta el riesgo de reemergencia de enfermedades que considerábamos controladas. En México, la cobertura varía por estado; en zonas rurales y comunidades indígenas persisten barreras de acceso, ausencia de jornadas locales y, en ocasiones, falta de información clara por parte de las autoridades.
No todo es culpa de las familias. Hay errores institucionales que conviene señalar: campañas de comunicación intermitentes, cortes presupuestales en programas preventivos y fallas logísticas que dejan vacunas en almacenes o generan desabasto en centros de salud. El resultado es desigualdad: quien vive cerca de una clínica con programa activo tiene más protección que quien vive en periferias olvidadas.
¿Qué hacer en la práctica? Revisar la Cartilla Nacional de Salud; si faltan dosis, acudir al centro de salud urbano más cercano, al IMSS o al ISSSTE según corresponda; preguntar por jornadas escolares de vacunación y exigir que las escuelas informen con anticipación. Exigir transparencia a autoridades y participar en las campañas comunitarias ayuda a cerrar brechas.
La vacunación es una política pública que funciona cuando es universal y accesible. La prevención ahorra hospitalizaciones, protege a quienes no pueden vacunarse por razones médicas y mantiene abiertas las aulas. En palabras de especialistas consultados por la Secretaría de Salud, garantizar esquemas completos antes del regreso a clases no es solo salud individual, es un acto de responsabilidad colectiva.
Si tienes dudas sobre el esquema o disponibilidad, acude al centro de salud local o consulta directamente con la Secretaría de Salud o el IMSS para evitar mitos y tomar decisiones informadas. Vacunar es proteger: revisa la cartilla y no dejes que la falta de información se convierta en riesgo evitado.
