Caos y desconfianza: examen digital de la Unam reabre debate sobre desigualdad en el acceso

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) volvió al examen presencial tras una primera prueba en línea marcada por fallas e irregularidades. Para muchos aspirantes fue un retroceso: más estrés, incertidumbre y la sensación de tener que demostrar de nuevo lo que ya habían logrado.

La propia UNAM anunció que regresaría al formato presencial luego de que participantes y observadores reportaran problemas técnicos, interrupciones y dudas sobre la validez de algunos resultados. Estudiantes relataron en redes sociales y foros haber vivido horas de tensión: pantallas congeladas, desconexiones y la obligación de acreditar nuevamente un logro que, para algunos, ya era motivo de celebración.

Más allá del colapso tecnológico, especialistas en educación advierten que el episodio expone un problema estructural: los métodos de admisión, digitales o presenciales, pueden reproducir desigualdades de origen. La brecha en acceso a internet estable, equipos adecuados y espacios tranquilos para rendir un examen pesa tanto como el contenido evaluado. En palabras sencillas: no es lo mismo correr una carrera con zapatillas rotas que con calzado nuevo.

Voces académicas consultadas por este medio señalan que la digitalización de procesos sin políticas compensatorias profundiza la desigualdad. Evaluaciones remotas requieren no solo plataformas robustas, sino también medidas que nivelen oportunidades: apoyos para aspirantes de comunidades rurales, sedes regionales con condiciones adecuadas, y transparencia en procesos de verificación.

La UNAM enfrenta ahora el desafío de recuperar confianza. Instituciones públicas que impulsan cambios tecnológicos deben acompañarlos con auditorías independientes, protocolos claros y comunicación ágil. Para quienes quedaron en medio del fallo, la experiencia fue una lección amarga: la innovación sin equidad puede convertirse en una nueva barrera.

En el plano institucional, el debate apunta a tres líneas de trabajo: mejorar la infraestructura y pruebas piloto, diseñar salvaguardas para estudiantes en situación de vulnerabilidad, y abrir espacios de rendición de cuentas para que la comunidad pueda evaluar el proceso. Si la meta es ampliar el acceso a la educación superior, la digitalización debe ser herramienta de justicia y no un filtro adicional que profundice desigualdades existentes.

Al final, lo ocurrido con el examen digital de la UNAM recuerda algo sencillo pero urgente: la tecnología no es neutra. Sin medidas que garanticen condiciones mínimas para todas y todos, un examen en línea puede convertirse en una lotería donde gana quien tiene mejores conexiones, no necesariamente quien está mejor preparado.

Con información e imágenes de: France 24