Los rótulos, alma gráfica de ciudad de México, llegan a la galería José María Velasco
La brocha y la picardía se exhiben como patrimonio vivo: la Galería José María Velasco presenta «Los rótulos no deben morir», una muestra que reúne rotulistas, archivos fotográficos y testimonios para defender un oficio que pinta la identidad de la capital.
Nadie imagina la Ciudad de México sin esos colores que saltan de fachadas, puestos y cortinas. En el Centro Histórico es habitual topar con un puerquito bañándose que anuncia la carnicería de la esquina, o un letrero irónico que parpadea sobre una refaccionaria. Esa mezcla de humor, oficio y saber popular es el corazón de la exposición que, además de piezas y fotografías, plantea una crítica abierta a las políticas de borrado urbano y propone medidas de salvaguardia.
Una exposición con historia y oficio
La galería, ubicada en Peralvillo 55, colonia Morelos, abre un relato que va del Porfiriato a la actualidad. Luis Miguel León Cornejo, director de la Galería José María Velasco, explica que la muestra no es solo una colección de objetos sino un encuentro con rotulistas: “Partimos de Isaías Salgado, el rotulista del barrio que ha pintado refaccionarias y pulquerías desde los años 20 y 30, capturado por grandes fotógrafos”.
Los archivos recuperados incluyen fotografías y textos históricos —desde materiales que la exposición sitúa junto a autores como Diego Rivera hasta imágenes de fotógrafos como Edward Weston, Paulina Lavista y Tina Modotti— para trazar cómo el rótulo ha sido un elemento constante en la cartografía visual de la ciudad.
Oficio que resiste
Isaías Salgado, con 40 años de brocha en mano, pinta un retrato de la práctica que mezcla nostalgia y esperanza: “Somos pintores exclusivos, cada rótulo es único, no es una serie”. Salgado denuncia el borrado de miles de rótulos por políticas municipales recientes y reconoce al mismo tiempo una creciente demanda entre jóvenes que buscan talleres para aprender el oficio.
Armando Téllez, otro maestro presente en la muestra, resume el sentimiento de la comunidad: “Nunca vi una expo así en mis años. Luis nos abrió la galería para mostrar lo nuestro”.
Choque de políticas: limpieza vs. memoria
La curaduría de Quetzalcóatl Molina documenta tensiones recientes entre autoridades locales y los rotulistas. Según Molina, el borrado de alrededor de 5 mil puestos impulsó la creación de la Red Chilanga en Defensa del Arte Popular y la Gráfica, que protagonizó acciones de protesta —pegó carteles sobre logos oficiales— y que derivó en mesas de trabajo y talleres.
Molina afirma que, tras las protestas, solo unos 50 puestos han sido repintados de los 5 mil borrados, un dato que muestra la distancia entre los anuncios institucionales y la reparación real en el territorio: “En octubre se ofreció una disculpa institucional, pero falta traducir palabras en políticas públicas efectivas”.
Hacia la salvaguardia: declaratoria y museo
La muestra no se queda en la nostalgia. Tiene un propósito claro: conformar un plan de salvaguarda que empuje la declaratoria del rotulismo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la capital. El curador dice que ya trabajan con maestros históricos, como José Sánchez, con seis décadas en La Merced, para armar la documentación necesaria: “Hablamos de más de 100 años de continuidad; el rótulo suma una tradición que remonta a los grandes mercados de la colonia”.
Entre las acciones concretas que plantean están:
- Mesas mensuales de trabajo (enero-abril de 2026) para construir el plan de salvaguardia.
- Talleres y caminatas fotográficas que desde diciembre han reunido a cerca de 200 participantes.
- La búsqueda de un inmueble en comodato en el Centro Histórico para crear un museo o centro de formación del rótulo.
- Presentar la solicitud de declaratoria el próximo 2 de mayo, día del rotulista.
Impacto social y económico
El argumento a favor de proteger el oficio no es solo cultural. Molina plantea que el rótulo impulsa la economía local: “Un rótulo genera más ingresos que su costo”, señala, en referencia al impacto comercial directo en pequeños negocios. Además, el rótulo cumple una función social: su tipografía y lenguaje popular se filtra en marchas, grafiti y en la conversación pública.
Quienes trabajan la pintura de letras coinciden en que la técnica resiste a la tecnología: ni caligrafía digital ni plotters han logrado reproducir la ironía, el color y la narrativa que imprime el rotulista. Es una fusión de diseñador, escultor y narrador urbano que sigue reinventando la publicidad con oficio artesanal.
Lo que queda por resolver
La exposición evidencia avances y retos. Entre los aciertos están la visibilización del oficio, la organización comunitaria y las primeras mesas de diálogo con autoridades. Entre los pendientes están la reparación efectiva de los puestos borrados, mecanismos formales de apoyo económico para los rotulistas y la creación de instrumentos legales que garanticen la continuidad del oficio sin mercantilizarlo.
| Qué | Dónde | Hasta |
|---|---|---|
| Los rótulos no deben morir (exposición) | Galería José María Velasco, Peralvillo 55, colonia Morelos | 6 de abril de 2026 |
Una llamada a cuidar la ciudad
La muestra funciona como un recordatorio: la ciudad se hace con manos y colores. Si se borran los rótulos, se pierden historias, oficios y economías vecinales. Pero también muestra caminos: documentación, talleres, diálogo y reconocimiento formal pueden convertir la nostalgia en políticas públicas que protejan a quienes pintan nuestra vida cotidiana.
Como dice Isaías Salgado con sencillez y firmeza: “No es lo mismo una impresión que una mano que conoce el barrio”. Esa mano ahora está en la galería y en la mesa de quienes decidan si los rótulos seguirán pintando el alma de la ciudad.
