Rossana reguillo, la narradora del horror que no deja dormir a las instituciones

“Traigo un desasosiego enorme”. Fueron las últimas palabras que Rossana Reguillo escribió en nuestro chat la mañana del 24 de febrero de 2026. Dos días antes, según comunicados oficiales y varios reportes periodísticos, la captura y posterior caída de Nemesio Oseguera Cervantes —conocido como El Mencho— ocurrió en los cerros de Tapalpa, Jalisco, a pocos kilómetros de la Chapala donde Reguillo vivió en los últimos años. Como siempre, cuando la barbarie asoma su rostro, nuestro canal de comunicación se activó.

Esta crónica busca seguirle la pista a esa voz que ha convertido el horror cotidiano en relato público: para incomodar, para exigir cuentas, para nombrar víctimas. No es un perfil académico al uso ni un panegírico. Es una alerta sobre cómo una mujer —investigadora, cronista, testigo— sostiene la memoria de lo que el poder y la impunidad prefieren enterrar.

¿Por qué importa su voz?

  • Reguillo ha hecho de la atención a la violencia un oficio público: escucha, escribe y conecta testimonios con políticas públicas. Su trabajo desarma e interpela a autoridades que rara vez responden con transparencia.
  • Cuando un capo cae o se anuncia su derrota, el vacío informativo suele llenarse de relatos oficiales, rumores y silencios. Reguillo documenta lo que queda: heridas, desplazamientos, miedo.
  • Su crónica funciona como termómetro social: mide el pulso de comunidades, de periodismo local y de instituciones que han fallado en prevención y reparación.

Lo que pasó (línea de tiempo breve)

Fecha Hecho
22 febrero 2026 Reportes oficiales y medios anuncian la caída de El Mencho en Tapalpa, Jalisco.
24 febrero 2026 Conversación personal con Rossana Reguillo: “Traigo un desasosiego enorme”.
Últimos años Reguillo vive y documenta efectos sociales en la región de Chapala; publica crónicas y análisis sobre juventudes, violencia y medios.

Qué nos dice su desasosiego

El mensaje de Reguillo no es un lamento privado: es una alarma. Cuando una figura como El Mencho cae, lo esperable es que el Estado capitalice la oportunidad para fortalecer instituciones, mejorar inteligencia, proteger a testigos y ofrecer reparación a las comunidades dañadas. La experiencia, sin embargo, muestra otra cosa: reacomodos violentos, venganzas, madrugadas de incertidumbre para familias enteras.

El relato de Reguillo pone el foco en consecuencias concretas:

  • Economía local fragilizada: toque de queda informal, turismo que se retrae y comercios que pierden clientes.
  • Desplazamiento y miedo: familias que cambian de hogar o limitan su movilidad por amenazas reales.
  • Vacíos institucionales: investigaciones lentas, falta de atención a víctimas y opacidad en la información oficial.

Qué falla y qué debería cambiar

  • Inteligencia y rendición de cuentas. No basta con anunciar capturas. Se necesita transparencia en las operaciones y auditoría independiente sobre uso de fuerza y resultados.
  • Protección a víctimas y testigos. Sin programas efectivos y con recursos suficientes, la caída de un capo solo replantea la lista de daños.
  • Políticas locales de prevención. Salud mental comunitaria, espacios culturales y alternativas educativas son inversiones que reducen el caldo de cultivo de la violencia.
  • Periodismo y memoria. Apoyar el periodismo local y las crónicas que documentan el dolor es garantizar que no se repita la narrativa oficial única.

Testimonio en primera persona

Reguillo no se conforma con analizar cifras. En el chat me contó, con la franqueza de quien ha visto ciudades romperse: “No es solo la caída de un hombre poderoso. Es la red que se mueve debajo: protección, complicidad y el precio que pagan los que menos tienen. Me inquieta que las autoridades celebren sin explicar.”

Ese reclamo, directo y punzante, obliga a preguntar: ¿celebramos la captura o exigimos la reparación? ¿Aplaudimos la caída o acompañamos a quienes llevan las cicatrices?

Un llamado

La narradora del horror no solo describe el desastre; propone remedios sociales. Su insistencia es simple y dura: rendición de cuentas, apoyo a víctimas, inversión en prevención y promoción del periodismo que no calla. La caída de un capo puede ser un punto de inflexión o una pantalla para esconder el mismo conflicto de siempre. Depende de si la sociedad —y sus instituciones— aprovechan la claridad que aportan voces como la de Rossana Reguillo.

En tiempos en que la noticia se acelera y el olvido es fácil, su desasosiego nos interpela: ¿qué haremos con la verdad que ella cuenta?

Fuentes y metodología

  • Conversación personal con Rossana Reguillo, 24 de febrero de 2026.
  • Reportes periodísticos y comunicados oficiales sobre los hechos en Tapalpa, febrero 2026.
  • Análisis de impacto social anclado en testimonios locales y en la trayectoria pública de la investigadora como cronista de violencia.
Con información e imágenes de: elpais.com