Nueva norma prohíbe celulares en educación básica; excepción permitirá uso con fines pedagógicos

Ciudad de México. La Secretaría de Educación Pública (SEP) emitió una regulación que prohíbe el uso de dispositivos móviles en escuelas de educación básica, pero incorpora una excepción: equipos móviles podrán utilizarse en el aula siempre que exista una justificación pedagógica documentada y protocolos claros. La medida busca frenar distracciones y proteger a menores, pero abre preguntas sobre su aplicación práctica y sus efectos en la equidad educativa.

Según el documento de la SEP, el acceso a celulares se restringe durante actividades lectivas, recreo y evaluaciones; sin embargo, los centros educativos podrán autorizar su uso cuando forme parte de un proyecto curricular, con la supervisión del docente y con el consentimiento de madres, padres o tutores. La organización UNESCO ha recomendado políticas similares que privilegien el aprendizaje y la protección de la infancia, pero advierte sobre la necesidad de formación docente y recursos adecuados.

Para una docente de una secundaria pública en el Estado de México, que pidió no revelar su nombre, la excepción suena bien en papel: «Si un proyecto de ciencias requiere fotos o búsquedas en línea, un celular puede ser herramienta. El problema es que no tenemos suficientes equipos escolares ni capacitación para integrarlos de forma segura». Esta tensión entre intención y capacidad es el núcleo del debate.

Los efectos positivos anunciados incluyen menor distracción en clase, reducción del acoso en línea durante la jornada y mayor focalización en contenidos. Entre los riesgos están la desigualdad: datos del INEGI indican que el acceso a dispositivos y a internet no es uniforme entre hogares, por lo que los estudiantes de menores recursos podrían quedar excluidos de actividades que requieran tecnología. Además, sin protocolos claros, la excepción podría convertirse en puerta abierta para usos no supervisados.

Expertos en políticas educativas consultados por este periódico señalan que la clave estará en tres elementos: capacitación docente, infraestructura escolar y transparencia en los criterios para autorizar usos. «Una norma sin inversión es como poner una semilla sin agua», dice la académica Ana Torres, especialista en pedagogía digital. La SEP reconoció la necesidad de formar a maestros y sugiere que las autoridades estatales y federales coordinen planes de acompañamiento.

La sociedad civil ha reaccionado con matices. Asociaciones de madres y padres celebran la intención de limitar distracciones, pero exigen que la excepción no sea pretexto para sancionar de manera arbitraria a estudiantes que requieran sus teléfonos por razones de salud o seguridad. Organizaciones defensoras de derechos digitales piden que los protocolos incluyan protección de datos personales y medidas contra la vigilancia indiscriminada.

En la práctica, la implementación enfrentará desafíos logísticos y políticos: ¿quién decide qué proyecto es «pedagógico»? ¿Cómo se evita que directores impongan prohibiciones generales que afecten el derecho a la comunicación? ¿Habrá recursos para que las escuelas adquieran tablets o conectividad y así no depender del celular propio del alumno?

La nueva norma puede ser una oportunidad para repensar el papel de la tecnología en la educación mexicana, siempre que vaya acompañada de inversión y reglas claras. De lo contrario correrá el riesgo de quedarse en buenas intenciones y profundizar brechas. La SEP, la comunidad educativa y la ciudadanía tendrán que dialogar con honestidad para convertir la excepción en instrumento real de aprendizaje y no en una trampa burocrática.

Fuentes: Secretaría de Educación Pública (SEP), UNESCO, Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y entrevistas con docentes y especialistas en políticas educativas.

Con información e imágenes de: informador.mx