Venezuela al borde: tras los terremotos, quién puede rescatar al país y por dónde empezar

Por una semana en El Mundo

Los recientes temblores que sacudieron varias regiones de Venezuela dejaron algo más que grietas en paredes y autopistas: abrieron una brecha entre la necesidad urgente de la gente y la capacidad real de las autoridades para responder. La resiliencia del pueblo venezolano se prueba a diario; la capacidad del gobierno —señalado por retrasos y déficits logísticos— muestra sus limitaciones; y la voluntad de aliados internacionales sigue siendo un rompecabezas político. Según reportes de organizaciones humanitarias y fuentes locales, miles requieren ayuda urgente en albergues improvisados, con problemas de agua, luz y acceso a medicamentos.

Contexto político

En medio del shock sísmico, la política sigue empujando la agenda. El gobierno liderado por Delcy Rodríguez enfrenta críticas por la coordinación y la transparencia en las ayudas. Al mismo tiempo, actores externos —incluida la administración de Estados Unidos y gobiernos regionales— observan y condicionan su apoyo a intereses diplomáticos y de seguridad. El viraje político en países vecinos también complica la hoja de ruta humanitaria y de reconstrucción.

Por qué no alcanza con anuncios

Los comunicados oficiales y la entrega puntual de paquetes no son suficientes. La recuperación exige tres cosas que a menudo faltan en crises latinoamericanas: coordinación eficaz, transparencia en el uso de recursos y planificación técnica a mediano plazo. Sin eso, cada reconstrucción será temporal, un parche que se desprende con la próxima sacudida.

Quiénes pueden salvar al país: actores clave

Actor Rol inmediato Qué debe exigir la ciudadanía
Comunidades locales Primeros auxilios, inventarios de daños, coordinación vecinal Recursos para brigadas comunitarias y voz en prioridades de reconstrucción
Organizaciones humanitarias (Cruz Roja, ONG locales) Asistencia médica, agua, saneamiento y refugio temporal Acceso sin trabas y respeto a la neutralidad
Gobierno central y municipios Logística, seguridad y asignación de fondos Transparencia, auditorías públicas y entrega equitativa
Sector privado y banca Financiamiento de emergencia, cadena de suministros Condiciones claras para créditos y compensaciones
Comunidad internacional (ONU, países vecinos) Apoyo técnico, fondos, exenciones humanitarias Cooperación condicionada a mecanismos de control y neutralidad
Diáspora venezolana Remesas, redes de apoyo y presión política internacional Canales seguros para envío de ayuda y proyectos de reconstrucción

Plan de acción: pasos concretos y tiempos

  • Inmediato (0–30 días): estabilizar. Búsqueda y rescate, sanitario básico, abastecimiento de agua potable, puntos de energía y refugios seguros con registro público de beneficiarios. Establecer una unidad de crisis con participación ciudadana y auditores independientes.
  • Mediano plazo (1–6 meses): evaluación técnica de daños, reparación de redes eléctricas y hospitalarias prioritarias, distribución de transferencias en efectivo para familias afectadas, inicio de obras en infraestructuras críticas. Crear un portal de transparencia con contratos y listados de beneficiarios verificables.
  • Largo plazo (1–5 años): reconstrucción sísmica de viviendas y escuelas, actualizar códigos de construcción y ordenamiento territorial, programas de empleo local para la reconstrucción, inversión en sistemas de alerta temprana y educación sobre riesgo.

Obstáculos políticos y cómo superarlos

La ayuda internacional suele toparse con la política. Sanciones, reconocimiento diplomático y rivalidades regionales pueden frenar suministros y financiación. La salida es crear corredores humanitarios y exenciones temporales verificables por organismos neutrales, con controles claros para evitar desvíos. Tanto el gobierno como la oposición deben aceptar mecanismos transparentes de auditoría para que el apoyo llegue a la gente y no a bolsillos clientelares.

Errores institucionales que no se deben repetir

  • No priorizar la transparencia desde el primer día.
  • Centralizar la ayuda sin fortalecer gobiernos locales y redes comunitarias.
  • Ignorar la participación de la sociedad civil y la diáspora en la planificación.

Un ejemplo concreto de impacto

Una escuela convertida en refugio sin agua ni servicios sanitarios multiplica enfermedades y agrava el trauma. En cambio, un refugio con brigadas formadas por vecinos, apoyo de ONG para suministro de agua y un registro público de familias acogidas reduce la tensión social y permite una planificación más eficaz de la reconstrucción.

Qué pueden hacer los ciudadanos hoy

  • Exigir listados públicos de beneficiarios y contratos de reconstrucción.
  • Apoyar y organizar brigadas vecinales y donaciones dirigidas a ONG confiables.
  • Presionar por exenciones humanitarias temporales que permitan importar materiales sin burocracia.
  • Participar en comités locales de reconstrucción para garantizar prioridades comunitarias.

Conclusión

Venezuela no necesita salvadores mitificados ni promesas volanderas. Necesita coordinación, transparencia y empoderamiento comunitario. Si se prioriza estabilizar a las familias hoy, auditar recursos y poner a la población en el centro de la toma de decisiones, la reconstrucción puede ser la palanca para corregir desigualdades estructurales, mejorar la resiliencia y recuperar confianza. Como en un paciente con fracturas múltiples, primero hay que inmovilizar y curar las heridas; después se reconstruye con huesos más fuertes.

Fuentes consultadas: reportes de protección civil y organizaciones humanitarias, testimonios periodísticos en terreno y análisis de especialistas en gestión de riesgos y políticas públicas.

Con información e imágenes de: France 24