Sheinbaum: de migajas a derecho constitucional, Bienestar se convierte en bandera y mueve más de un billón

Desde La Antigua, Veracruz, la presidenta aseguró que los apoyos son ahora derechos y no dádivas electorales; presentó nuevos programas y prometió recursos millonarios, entre júbilo y dudas sobre sostenibilidad

La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó este sábado en La Antigua, Veracruz, que los apoyos sociales dejaron de ser “migajas” entregadas en campañas y se convirtieron en derechos consagrados en la Constitución de la República. Ante cientos de personas en un club deportivo, la mandataria recordó la puesta en marcha durante su sexenio de tres programas: Pensión Mujeres Bienestar, Salud Casa por Casa y la Beca Rita Cetina, y aseguró que este año el gobierno federal destinará más de un billón de pesos a los programas de Bienestar.

“Antes no había programas de Bienestar, ¿o sí? Antes sólo llegaban cuando había elecciones, regalaban cosas, prometían más, nunca cumplían… ‘te doy esto si votas por mí’”, dijo Sheinbaum, en un discurso en que contrastó la llamada “cuarta transformación” con lo que calificó como 36 años de modelo neoliberal, aludiendo a gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

La presidenta sostuvo que hoy esos apoyos son “derechos del pueblo de México” y que la constitucionalización de los programas de Bienestar cambia la lógica: deja de ser una dádiva clientelar para convertirse en una obligación del Estado.

Los programas anunciados

Programa Objetivo declarado
Pensión Mujeres Bienestar Apoyo económico directo a mujeres mayores que no cuentan con pensión contributiva
Salud Casa por Casa Servicios de salud y prevención acercados al hogar, con énfasis en atención comunitaria
Beca Rita Cetina Apoyo educativo para estudiantes (carácter social y cultural mencionado por el gobierno)

Qué cambia y qué persiste

  • Cambio simbólico y legal: la postura del Ejecutivo subraya que convertir los apoyos en derechos constitucionales busca blindarlos de usos electorales y garantizar continuidad.
  • Impacto en la vida cotidiana: beneficiarios entrevistados en eventos similares han reportado alivio para gastos básicos —medicinas, alimentos y traslado— cuando la ayuda llega con regularidad.
  • Retos fiscales y operativos: destinar más de un billón de pesos a programas sociales es una apuesta alta. Especialistas en finanzas públicas suelen advertir que ampliar derechos exige reglas claras de financiamiento, evaluación de resultados y transparencia en la entrega.
  • Riesgo de clientelismo vs. institucionalización: la constitucionalización pretende cortar prácticas clientelares, pero la ejecución cotidiana –registro, padrón, verificaciones— determinará si el cambio es real o simbólico.

Contexto y matices

La presidenta ubicó la medida en una ruptura con el modelo neoliberal que, dijo, predominó durante tres décadas y media. Ese diagnóstico tiene eco entre sectores sociales que vieron en los apoyos directos una forma de inclusión. Sin embargo, organizaciones civiles y analistas consultados en debates públicos han pedido mecanismos independientes de evaluación y transparencia presupuestaria para evitar duplicidades, filtraciones y para medir el efecto real en pobreza y desigualdad.

En el terreno político, el discurso de Sheinbaum busca reforzar el vínculo entre Estado y ciudadanos, mostrando al gobierno como garante de derechos sociales. En lo práctico, la pregunta que queda para resolver es cómo se traduce esa promesa constitucional en servicios efectivos: desde el reclutamiento de personal para Salud Casa por Casa hasta la construcción de padrón y entrega oportuna de pensiones.

Conclusión

La declaración de que “antes daban migajas, ahora son derechos” resume la narrativa oficial: de la dádiva a la garantía. Es una afirmación potente, con respaldo simbólico y presupuestario según la presidenta. Pero la transformación real depende de la implementación, la fiscalización y la capacidad del Estado para sostener esos compromisos sin sacrificar otras áreas prioritarias. En el vaivén entre aplausos y escepticismo, la ciudadanía —los verdaderos beneficiarios— será el termómetro para saber si las migajas quedaron atrás o si solo cambiaron de nombre.

Reportó desde La Antigua, Veracruz

Con información e imágenes de: Milenio.com