Cuando la naturaleza no perdona: por qué los desastres llegan en oleadas

Durante 2026, comunidades de Colombia, Venezuela, Indonesia y España han vivido terremotos casi seguidos, mientras inundaciones, incendios y olas de calor récord golpean otras regiones. La sensación de que los desastres llegan en tandas ha encendido la alarma pública y la pregunta inevitable: ¿están conectados o es solo mala suerte?

En un reportaje para France 24, Álvaro Zopatti, especialista y consultor en políticas climáticas globales, aporta matices que conviene escuchar. Zopatti subraya que no todos los fenómenos tienen la misma causa. La mayoría de los terremotos responden a procesos tectónicos profundos y no a cambios climáticos directos. Sin embargo la percepción de “oleadas” surge por varios factores que convergen.

Primero, existe la suma de riesgos: el calentamiento global hace más frecuentes las olas de calor y altera los patrones de lluvia, lo que aumenta incendios e inundaciones. Informes como los del IPCC y los sistemas de observación climática de Europa y Estados Unidos muestran que fenómenos extremos ligados al calor y a precipitaciones intensas son ahora más probables por la acción humana. Segundo, hay interacciones locales: lluvias fuertes pueden desestabilizar laderas y provocar deslizamientos tras terremotos, y sequías prolongadas deterioran suelos y bosques, facilitando incendios.

Además, la cobertura mediática y la rapidez de las redes sociales hacen que eventos distantes parezcan simultáneos. También pesan las fallas institucionales: sistemas de alerta insuficientes, planificación urbana deficiente y recortes en inversión pública convierten episodios naturales en crisis sociales más graves. En palabras directas, la vulnerabilidad social y la desigualdad son amplificadores de desastres.

No todo es inevitabilidad. Zopatti y otros expertos insisten en que hay medidas concretas: invertir en alertas tempranas y en infraestructuras resistentes, recuperar humedales y bosques que actúan como amortiguadores, y mejorar la planificación territorial para evitar construcciones en zonas de riesgo. También reclaman políticas de adaptación que prioricen a los sectores más expuestos, y transparencia en la rendición de cuentas cuando los recortes presupuestarios aumentan riesgos.

La idea de que el planeta envía “oleadas” puede ser cierta en términos de exposición simultánea, pero esa oleada golpea más fuerte donde faltan políticas públicas robustas. Si el debate público se centra solo en factores naturales, se pierde la parte más política: decidir qué sociedades queremos construir para no repetir las mismas tragedias. Esa es la discusión que Zopatti plantea en France 24 y que exige respuesta urgente de gobiernos y comunidades.

Con información e imágenes de: France 24