Masacre sacude kenscoff: más de 40 muertos tras ataque a campamento de desplazados
Una incursión nocturna de bandas armadas alcanzó un refugio instalado en una iglesia y dejó decenas de víctimas; Naciones Unidas y autoridades haitianas responsabilizan a las pandillas por el nuevo éxodo interno.
Una ola de violencia estremeció a la comunidad de Kenscoff, en las alturas sobre Puerto Príncipe, cuando bandas armadas atacaron de noche un campamento de personas desplazadas instalado en una iglesia. Según Naciones Unidas y autoridades haitianas, el saldo preliminar supera los 40 muertos, hay decenas de heridos y varios desaparecidos.
El ataque volvió a poner de manifiesto el impacto humano de una crisis que la ONU calcula ha desplazado a cerca de 1,5 millones de haitianos. Testimonios recogidos por organizaciones humanitarias describen escenas de pánico: familias corrían sin rumbo, heridos buscaban auxilio y la iglesia, que debía ser un refugio, quedó marcada por la sangre y el miedo.
La masacre en Kenscoff no es un hecho aislado. En los últimos años las pandillas han extendido su control sobre barrios y rutas clave, limitando el acceso a servicios básicos, mercados y centros de salud. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) y autoridades locales han denunciado repetidamente la incapacidad del Estado para garantizar seguridad mínima a la población.
Desde una perspectiva ciudadana, la tragedia revela dos fallas estructurales: la debilidad de las instituciones de seguridad y la ausencia de estrategias efectivas de protección para los desplazados. La política pública ha visto recortes, improvisaciones y promesas incumplidas que terminan pagando las comunidades más vulnerables, como quienes ya habían perdido sus hogares.
Organizaciones humanitarias exigen un aumento urgente de asistencia médica y protección, corredores humanitarios y garantías para que los sobrevivientes puedan recibir atención sin temor a nuevos ataques. Al mismo tiempo, analistas y grupos comunitarios piden un plan de largo plazo que combine justicia, programas sociales y reconstrucción del tejido comunitario para evitar que los desplazamientos se conviertan en una condena permanente.
Las voces críticas subrayan que la respuesta internacional debe ser solidaria pero también exigir responsabilidades: apoyo logístico y financiero no puede sustituir la obligación del Estado haitiano de restaurar la seguridad y procesar a los responsables. Naciones Unidas ha llamado a una investigación independiente y a medidas que protejan a los desplazados; líderes locales reclaman presencia policial efectiva y programas de reparación para las víctimas.
Mientras tanto, en Kenscoff las familias intentan contabilizar pérdidas y encontrar un lugar seguro. La imagen es dolorosa y cotidiana: una iglesia que debía acoger ahora simboliza la fragilidad de los refugios improvisados y la urgencia de políticas públicas que prioricen la vida y la dignidad de las personas desplazadas.
La masacre plantea preguntas claras para gobiernos y donantes: ¿cómo garantizar seguridad inmediata sin militarizar la vida civil? ¿Qué mecanismos de protección y apoyo permanente existirán para quienes han perdido todo? Hasta que no haya respuestas concretas y acciones coordinadas, tragedias como la de Kenscoff seguirán repitiéndose, con el precio humano que ya conocemos.
Fuentes: Naciones Unidas; autoridades haitianas; Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
