Catástrofe en Nepal deja 1,451 muertos y 5,800 desaparecidos; cuestionan respuesta institucional

Katmandú. La Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal (NDRRMA) confirmó que las inundaciones y deslaves que azotaron varias regiones del país han dejado, hasta ahora, 1,451 personas fallecidas y 5,800 reportadas como desaparecidas. La propia NDRRMA añadió que 40 de las muertes confirmadas corresponden a hallazgos recientes, aunque más de 500 registros son fragmentos de cuerpos, lo que hace que la cifra pueda ser imprecisa.

En informes conjuntos citados por The Kathmandu Post y Reuters, el ejército nepalí, la policía y la Cruz Roja local intensificaron las labores de rescate en valles y laderas aisladas. Miles de viviendas quedaron sepultadas o arrasadas por corrientes de lodo; carreteras y puentes dejaron comunidades incomunicadas, complicando la entrega de ayuda y las tareas de identificación de víctimas.

Vecinos entrevistados por medios locales describen escenas de desesperación: casas que se desprendieron como barajas, caminos convertidos en ríos y gente que aún busca familiares entre los escombros. «Lo perdimos todo en una hora», dijo una habitante de un pueblo de la región central, según The Kathmandu Post.

La tragedia destapa, además de dolor humano, fallas en la gestión del riesgo. Organizaciones de la sociedad civil y líderes locales han cuestionado la eficiencia de los sistemas de alerta temprana y la inversión en prevención. Para muchos, la catástrofe no es solo obra de la naturaleza, sino el resultado de políticas públicas insuficientes: deforestación en cuencas, urbanización informal en zonas vulnerables y una red de infraestructuras que no resistió la magnitud del evento.

Expertos citados por Naciones Unidas y por agencias internacionales señalan que el cambio climático intensifica monzones y tormentas, pero subrayan que la vulnerabilidad humana se reduce con planificación y recursos. En Nepal, sostienen estos informes, faltan programas sostenidos de reforestación, gestión de cuencas y saneamiento hídrico, así como inversión en refugios y rutas seguras para las comunidades rurales.

El gobierno ha solicitado asistencia internacional y desplegado unidades de búsqueda, mientras organizaciones humanitarias alertan sobre necesidades urgentes de agua potable, atención médica y refugio. Naciones Unidas ha ofrecido apoyo logístico y de evaluación, según comunicados recogidos por Reuters.

Frente a la magnitud del desastre, la prensa crítica y varios analistas exigen transparencia: contabilidad clara de las cifras, protocolos de identificación forense para evitar registros erróneos y auditorías que expliquen por qué no funcionaron las redes de prevención. La NDRRMA, por su parte, pide tiempo para consolidar datos y reclama recursos para las operaciones en curso.

Esta tragedia recuerda que la respuesta a futuros desastres no puede reducirse a ayuda emergente. Se necesita una estrategia a largo plazo que combine inversión pública, participación comunitaria y normas claras de uso de suelo. Si Nepal quiere evitar que sus ríos se vuelvan otra vez cuchillas contra la gente, las políticas deben cambiar desde la raíz y las instituciones deben rendir cuentas por lo que no hicieron a tiempo.

Fuentes: Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA), The Kathmandu Post, Reuters y Naciones Unidas.

Con información e imágenes de: Latinus