Las mujeres en México no facturan porque tienen que cuidar

Cómo el trabajo de cuidado frena la formalización y qué medidas públicas podrían cambiarlo

En muchos barrios, mercados y redes sociales del país hay cientos de microempresas manejadas por mujeres que venden comida, ropa, servicios de estética o productos hechos a mano. Sin embargo, una parte importante de esas actividades nunca llegan a la formalidad: no emiten factura electrónica, no cotizan para el seguro social y permanecen en la economía informal. La razón principal no es falta de talento ni de ganas: es el tiempo. El trabajo de cuidado —niños, personas mayores, personas con discapacidad y las tareas domésticas— consume la jornada que podría dedicarse a trámites, capacitación y crecimiento del negocio.

Los datos recolectados por instituciones como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y organismos internacionales muestran una constante: las mujeres destinan muchas más horas al trabajo no remunerado que los hombres y, en consecuencia, tienen más probabilidades de permanecer en empleos informales o de emprender en la economía doméstica. Esa situación dificulta emitir facturas (CFDI), acceder a créditos formales, ahorrar para la pensión y aprovechar programas públicos que exigen comprobantes fiscales.

Facturar en México no es solo un trámite fiscal. Para una persona que cuida a un familiar y lleva un micronegocio desde casa, facturar implica tiempo para entender requisitos, disponer de computadora o teléfono inteligente, registrar operaciones y cumplir con obligaciones periódicas. Muchas mujeres optan por no hacerlo porque el costo en tiempo y recursos supera el beneficio inmediato. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) ha lanzado plataformas y regímenes simplificados, como herramientas digitales y regímenes fiscales especiales para pequeños contribuyentes, pero la adopción es desigual y las barreras no técnicas siguen siendo altas.

El resultado es un círculo que reproduce desigualdades: sin facturar no hay historial crediticio, sin seguridad social no hay protección y sin ingresos formales es más difícil delegar el cuidado o contratar ayuda. La informalidad se convierte en una trampa que limita el crecimiento económico de miles de mujeres y reduce la base tributaria del país.

Principales obstáculos que impiden que las mujeres facturen

  • Distribución desigual del trabajo de cuidado: las mujeres asumen la mayor parte de las tareas domésticas y de atención, lo que reduce su disponibilidad para la formalización.
  • Falta de acceso a servicios de cuidado asequibles y de calidad: guarderías, centros de día y apoyos para personas mayores son insuficientes o de alto costo.
  • Complejidad administrativa y brechas digitales: aunque existen plataformas del SAT, muchas microemprendedoras carecen de capacitación o tiempo para usarlas.
  • Informalidad estructural: algunos negocios son pequeños por diseño y funcionan con redes de confianza que no requieren facturas, pero eso limita posibilidades de crecimiento.
  • Riesgo de exclusión financiera: sin facturas es más difícil acceder a créditos, seguros y contratos con proveedores formales.

Qué ganaría el país si más mujeres pudieran facturar

  • Mayor inclusión financiera: acceso a créditos y a instrumentos que permiten invertir y escalar negocios.
  • Mejor protección social: cotizaciones que abonan a pensiones y seguridad social.
  • Aumento de la recaudación fiscal de manera progresiva y con beneficios públicos reinvertibles.
  • Igualdad de oportunidades laborales y menos dependencia económica.

Medidas públicas con potencial de impacto

Las soluciones combinan políticas de cuidado, simplificación administrativa y apoyo económico. Algunas propuestas que han mostrado eficacia en distintos contextos o que están en discusión en México son:

  • Expandir servicios públicos de cuidado: más estancias infantiles, centros de día para adultos mayores y horarios compatibles con jornadas laborales, con prioridad en zonas de mayor necesidad.
  • Simplificar y acercar la facturación: campañas de capacitación móvil, asistencia presencial en centros comunitarios y alianzas con asociaciones de comerciantes para implementar “mesas de facturación” colectivas.
  • Promover regímenes fiscales accesibles: mantener y mejorar regímenes simplificados que reduzcan costos y trámites para microemprendedoras.
  • Complementos económicos transitorios: subsidios a la formalización, microcréditos y apoyos que compensen el tiempo que toma registrarse y adaptarse a la formalidad.
  • Flexibilidad laboral y derechos reales de conciliación: incentivos a empresas para horarios flexibles y modelos que permitan combinar responsabilidades de cuidado y empleo formal.

Tabla: barreras y respuestas públicas

Barrera Respuesta pública
Falta de tiempo por cuidados Ampliación de servicios públicos de cuidado y horarios flexibles
Complejidad para emitir facturas Capacitación local, asistencia presencial y plataformas simplificadas
Costos de formalización Subsidios iniciales, incentivo fiscal temporal y microcréditos
Brecha digital Centros comunitarios con equipo y tutorías digitales

Una imagen para entenderlo

Imagine una balanza: en un platillo están las horas que una mujer destina a cuidar; en el otro, el tiempo para trámites, capacitación y ventas que le permitirían emitir facturas y crecer. Hoy, el platillo del cuidado pesa más. Para equilibrarla no basta con exigir facturas: se requieren políticas que redistribuyan tiempo y recursos.

Conclusión

Que muchas mujeres en México no facturen es una señal de que las políticas públicas no han incorporado suficientemente la realidad del trabajo de cuidado. Hay avances administrativos y herramientas fiscales, pero sin una red pública de cuidados y medidas que reduzcan el costo en tiempo de la formalización, la informalidad seguirá siendo la salida por defecto. La solución implica combinar reformas fiscales, inversión en cuidados y acompañamiento práctico; hacerlo no solo es una cuestión de justicia de género, sino una inversión en crecimiento económico y cohesión social.

Si queremos que más mujeres facturen, hay que permitirles primero disponer del tiempo y los apoyos para hacerlo.

Con información e imágenes de: elpais.com