Modalidad 10 del IMSS abre una puerta para emprendedores y trabajadores independientes
En el silencio de los comunicados oficiales, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha ido perfilando una alternativa que, sobre el papel, busca incorporar a miles de personas que hoy trabajan por su cuenta: la llamada modalidad 10. Además de los regímenes clásicos de la Ley del 73 y la Ley del 97, esta opción aparece como una vía para que emprendedores y trabajadores independientes accedan a seguridad social sin tener que depender de un empleo formal.
Según el IMSS, la ampliación de opciones responde a una realidad conocida: cerca de un tercio de la población ocupada en México trabaja por cuenta propia, una cifra que confirma el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Para muchos de esos trabajadores la seguridad social es una aspiración lejana; la modalidad 10 pretende, en teoría, cambiar esa distancia.
El impacto positivo es tangible: acceso a servicios médicos, cobertura en maternidad, prestaciones por incapacidad y, en algunos casos, la posibilidad de acumular semanas para una pensión futura. Para quienes como Ana, una microempresaria de la Ciudad de México, han tenido que elegir entre pagar atención privada costosa o resignarse a no atenderse, la alternativa suena a alivio.
Sin embargo, el avance no es automático ni exento de riesgos. Instituciones como la Secretaría del Trabajo han advertido sobre la necesidad de reglas claras para evitar que la modalidad se convierta en un parche que mantenga la precariedad. El punto crítico es el costo: las cuotas pueden ser proporcionales o fijas, y para trabajadores con ingresos irregulares representan una carga impredecible. Además, la tramitología y la falta de información en municipios y comunidades rurales frenan la adopción.
Hay otro peligro político: que la apertura sirva para maquillar cifras de empleo formal sin resolver la falta de derechos reales. Si la modalidad 10 no va acompañada de campañas informativas, subsidios para los más vulnerables y coordinación entre el IMSS y el gobierno federal, terminará beneficiando solo a quienes ya cuentan con cierto margen económico.
Organizaciones civiles y especialistas consultados por este diario señalan que la clave estará en diseñar aportaciones progresivas, facilidades de inscripción y plazos de transición. También piden que el IMSS publique datos desagregados sobre cuántas personas se inscriben bajo esta modalidad y cómo evolucionan sus prestaciones, para evitar opacidad.
La política social no es una receta mágica: es una obra de ingeniería cotidiana. La modalidad 10 puede ser un puente hacia más protección social o una carretera de un solo sentido que vuelva a dejar afuera a quienes más lo necesitan. El reto para el IMSS y la Secretaría del Trabajo es que ese puente no sea solo simbólico. Requiere recursos, transparencia y diálogo con los propios trabajadores.
Si la administración pública quiere realmente reducir la desigualdad en el acceso a la salud y la pensión, la apuesta debe ser clara: subsidiar a quienes no pueden pagar, simplificar trámites, y medir resultados. Solo así la modalidad 10 dejará de ser un cambio silencioso para convertirse en una mejora palpable en la vida de millones.
Fuentes: IMSS, INEGI y Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
