Gobierno integra ia y consejo de expertos para enfrentar desabasto de medicinas
La presidencia anunció esta semana la creación del Consejo Asesor para la Transformación Digital del Sector Salud y la incorporación de herramientas de inteligencia artificial para monitorear y predecir el suministro de medicamentos. Según la Presidencia, el nuevo órgano estará integrado por especialistas mexicanos y busca atender un problema que afecta a pacientes desde hace años.
El desabasto no es una falla técnica aislada; es un agujero en la red sanitaria que ya ha dejado sin quimioterapias, insulina y otros fármacos esenciales a familias enteras, como han documentado medios como La Jornada. La propuesta oficial plantea utilizar ia para pronosticar necesidades, detectar cuellos de botella en compras y logística, y optimizar inventarios. En palabras simples: usar datos para que las medicinas lleguen antes de que se agoten.
La promesa tiene sentido práctico. Una ia bien diseñada puede actuar como un radar: anticipa olas de demanda, prioriza insumos críticos y sugiere compras oportunas. En teoría, eso podría reducir filas en las farmacias del Issste y del IMSS, evitar retrasos en tratamientos oncológicos y poner fin a compras de emergencia que encarecen el sistema.
Pero no todo es luz. La experiencia mexicana reciente muestra que la tecnología no corrige por sí sola fallas estructurales. Problemas como la dependencia de importaciones, la descoordinación entre instituciones y la opacidad en procesos de adquisición persisten. Además, si los algoritmos son caja negra controlada por empresas privadas, la solución puede volverse una excusa para delegar responsabilidades y ocultar decisiones. Organizaciones civiles y grupos de pacientes han pedido transparencia y controles independientes antes de entregar datos sensibles, según reportes de El País y La Jornada.
Otra arista clave es la capacidad estatal. Birmex, el laboratorio público, y las compras consolidadas del gobierno necesitan fortalecer su infraestructura para que la ia no sólo sirva para predecir, sino también para producir y distribuir. No se trata de cambiar papeles por pantallas; se trata de que la tecnología complemente políticas públicas: inversión en producción local, mejora en la cadena de frío y vigilancia sanitaria rigurosa.
Para que la iniciativa avance sin convertirse en un paliativo, el consejo debe garantizar cuatro cosas: acceso abierto a los criterios del algoritmo, auditorías independientes, participación de pacientes y municipios en la toma de decisiones, y un plan claro para fortalecer la industria pública de medicamentos. Si no, la ia será como poner un GPS en un coche sin ruedas: buenos mapas, pero sin capacidad de movimiento.
La llegada de la ia al sector salud puede ser una herramienta valiosa para mujeres y hombres que dependen de tratamientos continuos. Pero su éxito dependerá menos de la novedad tecnológica y más de la voluntad política para corregir errores pasados, transparentar procesos y priorizar la vida de las personas por encima de atajos administrativos.
