Soy mi memoria: el testamento hablado que desnuda al guardián de las lenguas

Un libro dictado, no escrito; una voz que resiste la pérdida y se convierte en testimonio para el centenario de Miguel León‑Portilla

La voz de Miguel León‑Portilla vuelve a hablar. No desde sus archivos ni en un volumen académico pulcro, sino como confesión directa, fragmentada y humana: palabra por palabra dictadas hacia el final de su vida. Soy mi memoria (Ediciones Ibero / Colnal / UNAM, 2026) llega como un testamento donde el historiador —nacido el 22 de febrero de 1926 y fallecido en 2019— repasa su infancia, sus pasiones, sus disputas públicas y su obsesión vital por las lenguas indígenas.

Diego García del Gállego, responsable del diseño y edición del volumen, contó en entrevista con MILENIO cómo se fraguó la obra. El proyecto nació en 2019, cuando León‑Portilla, enfermo pero ya revisando memorias, comenzó a reconstruir su relato. Tras su muerte, la viuda, Ascensión Hernández Triviño, confió a la UNAM y la Ibero la edición: la intención fue evitar el lujo vacuo de un coffee table book y privilegiar una edición que fuera casa y testimonio.

El gesto editorial marca el tono del libro. Son 19 capítulos y poco más de 300 páginas, pero el dato no explica lo esencial: el libro conserva repeticiones, titubeos y ecos de la memoria porque eso es precisamente su fuerza. León‑Portilla ya no podía escribir debido a problemas de mácula; dictó. Los editores decidieron no «limpiar» esas huellas, y el resultado es una narración que suena a conversación, a sobremesa donde asoman risas, reclamos y reflexiones.

Título Soy mi memoria
Autores / responsables Miguel León‑Portilla (dictado); edición y diseño por Diego García del Gállego; coedición UNAM / Ibero / Colnal
Páginas +300
Año 2026

El libro es artesanal en sus decisiones estéticas. Se recuperaron tipos de letra de la primera edición del vocabulario de Alonso de Molina, se hicieron capitulares personalizadas y hay recursos gráficos que buscan transmitir la personalidad del autor. Un ejemplo: para relatar su pelea intelectual con Edmundo O’Gorman, el editor dibujó una nube negra con el rostro de O’Gorman, adorno que ilustra la tensión, no para ridiculizarla, sino para mostrar que la academia también fue campo de batalla.

¿Qué cuenta León‑Portilla en estas páginas? La narrativa es cronológica, pero organizada en «bloques de memoria». Comienza en la colonia Santa María la Ribera, traza su parentesco con Manuel Gutiérrez Nájera y Manuel Gamio, y lleva al lector por su educación con los jesuitas, su ingreso a la Universidad Nacional, su doctorado en filosofía y la defensa de la idea de una filosofía náhuatl. Aparecen figuras esenciales como Ángel María Garibay, quien le abrió la puerta al náhuatl, y episodios íntimos, como su viaje a España donde conoció a Ascensión, narrado con un humor quijotesco.

También hay política y polémica. León‑Portilla fue protagonista en debates clave del siglo XX mexicano. Relata su experiencia durante el movimiento estudiantil de 1968 desde la Junta de Gobierno de la UNAM y ofrece su versión del papel que desempeñó en la Unesco durante el V Centenario. Su propuesta del «Encuentro de dos mundos» lo colocó en enfrentamiento con la visión de O’Gorman sobre el «descubrimiento»; ese pulso intelectual está en el centro de varias páginas que prometen atraer tanto a historiadores como a curiosos.

Más allá de la anécdota, el núcleo del legado de León‑Portilla se siente en su defensa de las lenguas originarias. Visión de los vencidos, su obra más resonante, es recordada por escritores como José Emilio Pacheco, que la comparó con una obra épica para la historia mexicana. En Soy mi memoria reaparece esa urgencia: la pérdida de una lengua es tratada como una tragedia cultural irreparable. Hay, incluso, un poema que condensa esa visión dolorosa y, a la vez, urgente.

El texto cierra con un capítulo titulado «Memorias hacia el futuro». Allí León‑Portilla, consciente de su finitud, ofrece reflexiones sin amargura. Recuerda la filosofía de la flor y el canto, retoma pasajes del Evangelio de san Juan tras un año de padecimientos y se despide como quien cuenta una última historia alrededor de la mesa. El libro incluye un cuadernillo fotográfico y un índice onomástico útil para rastrear encuentros con figuras como Octavio Paz o José Vasconcelos.

¿Por qué importa este testamento ahora? Primero, porque llega en el año en que se cumple el centenario de su nacimiento, y su palabra reacondiciona la memoria pública sobre la historiografía mexicana del siglo XX. Segundo, porque ofrece a docentes, estudiantes y ciudadanos una voz directa sobre debates que marcan la política cultural: el reconocimiento de las lenguas indígenas, la forma en que conmemoramos los 500 años de 1492 y la manera en que la academia dialoga o se enfrenta a la sociedad.

Hay también una lectura ciudadana. Este libro propone que la historia no sea una sucesión de nombres y fechas, sino una conversación que obliga a preguntarse por quién decide los relatos nacionales. Si la obra de León‑Portilla ayudó a que generaciones supieran que el otro lado de la conquista tenía voz y pensamiento, Soy mi memoria quiere ser esa despedida que inspira a proteger las lenguas y a cuestionar los relatos oficiales.

Lo que queda en claro

  • La edición privilegia la voz del autor: no es una memoria pulida por el editor, es el eco de su manera de recordar.
  • El libro es un puente entre lo íntimo y lo público; mezcla anécdotas personales con debates académicos que han marcado políticas culturales.
  • Su publicación en coedición UNAM e Ibero responde a una intención clara de honrar su trayectoria académica y su formación jesuita, sin convertirlo en objeto de ostentación.

La llegada de Soy mi memoria es una invitación: leer al maestro no como reliquia, sino como interlocutor vivo en los debates actuales sobre memoria, lenguas y justicia cultural. Es, en suma, el testamento hablado de un hombre que defendió que las lenguas no mueren en silencio y que la memoria colectiva se construye tan con afecto como con rigor.

Fuentes principales

  • Entrevista con Diego García del Gállego publicada en MILENIO, 2026, sobre la edición y el diseño de Soy mi memoria.
  • Ediciones Ibero / Colnal / UNAM. Información editorial del volumen Soy mi memoria, 2026.
  • Obra previa de Miguel León‑Portilla, en particular Visión de los vencidos; referencias públicas y críticas, incluyendo comentarios de José Emilio Pacheco sobre la importancia de la obra.
Con información e imágenes de: Milenio.com