Bajo los escombros: el testimonio de un periodista que sobrevivió al sismo en Pereira
A un mes del terremoto que sacudió el Eje Cafetero, Mateo Yepes Serna, periodista manizaleño, recuerda cómo quedó cubierto de polvo y barro tras el derrumbe de su casa en Pereira. En una entrevista con France 24 relató que permaneció atrapado junto a su madre, con heridas físicas y un trauma que todavía pesa. Esa noche, dice, la tragedia le mostró tanto la fragilidad de las infraestructuras como la fortaleza de la comunidad que lo ayudó a salir.
Mateo describe escenas de caos: paredes resquebrajadas, tejas partidas y el ruido constante de maquinaria intentando rescatar a quienes quedaron bajo los escombros. “Me desperté en medio de un colchón de polvo; no sabía si llorar o pedir auxilio”, contó a France 24. Las ambulancias tardaron y muchas familias tuvieron que buscar apoyo entre vecinos antes de recibir atención formal.
El testimonio personal abre preguntas que van más allá del drama individual. Si bien la respuesta ciudadana —vecinos, organizaciones locales y voluntarios— funcionó como una red de contención inmediata, varias voces consultadas por este diario señalan fallas en la coordinación institucional, la prontitud de las alertas y la capacidad de respuesta en barrios periféricos. Es una brecha que, en una tragedia como esta, se traduce en vidas y viviendas perdidas.
Las secuelas no son solo físicas. Mateo habla de noches sin dormir, de recuerdos que vuelven con pequeños ruidos. Las necesidades de atención en salud mental y acompañamiento psicosocial son urgentes y, sin embargo, poco sistematizadas en muchas zonas afectadas. Organizaciones comunitarias y algunas ONG han asumido parte de esa carga, pero los recursos oficiales para la rehabilitación integral todavía son limitados.
En la reconstrucción asoman dos dilemas: por un lado, la necesidad inmediata de refugio seguro y ayudas económicas; por otro, la oportunidad de revisar normas de construcción y políticas públicas para evitar que la vulnerabilidad vuelva a cobrar tantas víctimas. Habitantes y líderes locales piden contrapartidas claras: censos rápidos y transparentes, reparación justa y prioridad para quienes viven en condiciones precarias.
La historia de Mateo es también la de muchas otras personas que, a un mes del sismo, mantienen hogares a medio arreglar, con deudas acumuladas y el temor de réplicas. Su relato, recogido por France 24, sirve como llamado para que las autoridades aceleren mecanismos de atención y prioricen la equidad en la reconstrucción. La solidaridad vecinal fue el primer muro que sostuvo a Pereira; ahora corresponde al Estado y a las políticas públicas completar el andamiaje que permita rehacer vidas con dignidad.
Mientras tanto, Mateo vuelve a las calles con vendajes y cicatrices visibles. Su voz, firme pese al cansancio, reclama algo simple y urgente: que nadie quede olvidado bajo los escombros administrativos ni bajo el polvo de la indiferencia.
