Catolicismo en disputa: Lula y Bolsonaro buscan seducir al electorado en Aparecida

A pocos días de la segunda vuelta, la fe se convierte en terreno de campaña: gestos, reproches y una batalla en redes que intenta traducirse en votos.

En una jornada marcada por la solemnidad de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil, los dos bandos en contienda aceleraron su ofensiva hacia el electorado católico. Según reportes de Reuters y O Globo, el senador Flávio Bolsonaro negó de nuevo rumores que lo vinculaban con una supuesta intención de retirar a la Virgen su condición de patrona, visitó a su padre, Jair Bolsonaro, y afirmó su gratitud a Dios en un acto de alto carga simbólica.

Del otro lado, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva participó en una misa y aprovechó la ocasión para denunciar la suspensión de su canal de difusión en WhatsApp por presuntas publicaciones de noticias falsas, según informó AFP. La escena fue diseñada para transmitir cercanía con la comunidad religiosa y al mismo tiempo poner el foco en la vulnerabilidad de la comunicación política frente a las plataformas digitales.

Esta pugna no es sólo retórica. El catolicismo sigue siendo una referencia cultural relevante en zonas urbanas y rurales y una red social que puede inclinar resultados en una elección reñida. Encuestas recientes, como las de Datafolha, muestran que el voto religioso es sensible a símbolos y discursos morales, por lo que ambos candidatos buscan traducir imágenes de devoción en capital político. Sin embargo, la jugada tiene doble filo: instrumentalizar la fe puede alienar a creyentes desencantados y crear desconfianza hacia la clase política.

La mezcla de religión y redes sociales también expone fallas institucionales. La decisión de suspender canales en WhatsApp por presuntas noticias falsas plantea preguntas sobre transparencia y criterios de moderación, mientras que la circulación de rumores —como el supuesto ataque al estatus de la Virgen— revela la rapidez con que la desinformación puede alterar el clima electoral. Organizaciones civiles y expertos en comunicación consultados por este periódico advierten que el principal riesgo es erosionar la confianza ciudadana en procesos democráticos y en la propia Iglesia como mediadora social.

Para buena parte de los electores, estas señales no se traducen automáticamente en adhesión. Votantes católicos con los que habló gente en parroquias de São Paulo y Aparecida —según testimonios recopilados por periodistas locales— expresan cansancio ante la instrumentalización política de la fe y piden propuestas concretas sobre educación, salud y empleo, áreas donde esperan mejoras tangibles más que gestos simbólicos.

En un país donde la liturgia puede mezclarse con la campaña, el desafío para ambos candidatos es claro: convertir la simbología religiosa en políticas públicas que mejoren la vida cotidiana sin caer en la demagogia. El elector católico, con memoria y criterio, observará si lo que se promete en la catedral se traduce después en acciones públicas verificables, no en simples escenas para la fotografía.

Fuente: Reuters, O Globo, AFP y datos de encuestas citadas por medios locales.

Con información e imágenes de: France 24