Kuri descarta ruptura con sheinbaum por academia policial

Querétaro. El gobernador Mauricio Kuri puso este fin de semana punto final a los rumores: negó que exista una ruptura con la presidencia tras la colocación de la primera piedra de una academia policial el pasado 3 de octubre. Según reportes de La Jornada, la diligencia fue seguida por un reclamo público de la presidenta Claudia Sheinbaum, que exigió explicaciones y sostuvo que el proyecto requiere el aval del gobierno federal.

El choque, más simbólico que institucional por ahora, expone dos problemas reales para la ciudadanía: la política de seguridad como moneda de cambio político y la opacidad en proyectos que inciden directamente en la formación de quien debe proteger a la población. Desde el Gobierno de Querétaro, y en comunicados citados por La Jornada, Kuri sostuvo que no hay ruptura y que mantiene diálogo con la federación. Pero la calma retórica no borra las dudas sobre competencias, financiamiento y criterios de formación policial.

Aunque la creación de centros de formación es facultad de las entidades federativas, la experiencia demuestra que sin coordinación nacional —en materia de derechos humanos, perspectiva de género y control de uso de la fuerza— las academias pueden reproducir prácticas que dañan a la comunidad. La discusión debe pasar de los titulares a los detalles: ¿quién diseñará el plan de estudios? ¿qué mecanismos de transparencia habrá en la contratación y en el uso de recursos? ¿cómo se garantizarán controles civiles y evaluaciones independientes?

El episodio añade una capa política: Kuri, del PAN, busca consolidar una imagen de Estado fuerte en seguridad; Sheinbaum, de Morena, exige que la federación tenga voz para no dejar la política pública en manos de decisiones locales sin contrapeso técnico. Para las y los queretanos, la pregunta es más prosaica: ¿esto mejorará la seguridad en las calles o será un espectáculo para la cámara?

La ciudadanía necesita respuestas claras y datos comprobables, no solo gestos. Es legítimo impulsar más y mejores instituciones de formación policial, pero estas deben nacer con estándares públicos, evaluaciones externas y rendición de cuentas. Si la academia va a ser una herramienta de prevención y confianza, debe construirse con la gente y en coordinación con instancias federales, no como una obra que añade más ruido a la política local.

Como reportó La Jornada, las próximas semanas serán clave: la federación puede pedir documentación y criterios técnicos, y el gobierno estatal tendrá la oportunidad de transparentar costos y contenidos. En esa conversación se define si la academia será un paso firme hacia la profesionalización o apenas otra piedra lanzada al ruedo político.

Con información e imágenes de: Latinus