Un hombre con control absoluto: la “Junta de Paz” quedaría en manos de trump

La propuesta estadounidense consagra poderes excepcionales para el expresidente: veto, disolución y nombramiento de sucesor; aliados se alinean, la ONU y varias democracias se alarman

DOMINGA.— En un giro que mezcla espectáculo y política exterior, el borrador de estatutos de la llamada “Junta de Paz” —documento que Washington ha remitido en las últimas semanas a capitales y cancillerías— coloca a un solo hombre en el centro de la nueva arquitectura mundial que propone Estados Unidos: Donald J. Trump. El Artículo 3.2 lo nombra literalmente “presidente inaugural”.

Según el texto consultado por The New York Times y funcionarios estadounidenses, ese cargo no es simbólico: dota a su titular del poder de vetar decisiones, aprobar el programa, invitar miembros, disolver la organización por completo y hasta designar a su propio sucesor. Es, en palabras sencillas, una llave maestra sobre la institución.

La propuesta llega en el contexto de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizó crear una “Junta de Paz” para supervisar la reconstrucción de Gaza hasta 2027. Pero la versión trumpista va más allá: pretende ser un “gobierno de transición” y, según los estatutos, una nueva organización internacional capaz de intervenir en “zonas afectadas o amenazadas por conflictos” a escala global.

Quiénes aceptan y quiénes se abstienen

  • Aliados cercanos y aliados sorprendentes: Hungría (Viktor Orbán aceptó la invitación públicamente), Arabia Saudita, Egipto, Israel, Bielorrusia, Pakistán y otros —según comunicados y declaraciones oficiales— dijeron que se sumarían antes de la firma prevista en Suiza.
  • Adhesiones polémicas: Rusia fue citada como dispuesta a aportar hasta 1.000 millones de dólares, anunció Putin —siempre que los fondos salgan de activos rusos congelados—. China dijo haber sido invitada pero no confirmó su participación.
  • Rechazos explícitos: Noruega, Suecia y Francia han adelantado que no se unirán; el ministro francés Jean-Noël Barrot dijo a la prensa que su país diría “no a la creación de una organización, tal como se ha presentado, que sustituiría a las Naciones Unidas”.

Qué preocupa y qué promete

Expertos en derecho internacional y diplomacia describen la iniciativa con términos duros. Marc Weller, académico de Cambridge, la calificó como “un ataque directo a las Naciones Unidas” y advirtió que refleja la intención de “crear un orden mundial a la imagen y semejanza de un individuo”.

Desde la órbita trumpista, defensores como Fred Fleitz reconocen el enorme protagonismo personal del expresidente pero lo venden como eficacia: “Trump ha demostrado ser un líder bastante capaz y agresivo”, dijo Fleitz, que considera que ese liderazgo podría aprovecharse para “lograr la paz”.

El propio equipo de la iniciativa prevé que más de 20 países participen y que la junta actúe como un “gran grupo de líderes que se unen” para resolver conflictos. El documento incluye además una cláusula financiera que exige contribuciones elevadas: mil millones de dólares para quienes quieran permanecer más de tres años.

Impacto real en la vida cotidiana

  • Ayuda humanitaria: Si la junta centraliza fondos y operaciones, organismos de la ONU y ONG podrían ver reducidos recursos o sufrir duplicidad de funciones, lo que afectaría la asistencia a civiles en Gaza, Yemen, Siria y otros escenarios de emergencia.
  • Transparencia y rendición de cuentas: Un órgano dirigido por una figura con poderes casi absolutos despierta dudas sobre controles, auditorías y protección frente a favoritismos políticos. El riesgo para los donantes y beneficiarios es la opacidad en la gestión.
  • Geopolítica y seguridad: La posible competencia entre la nueva junta y la ONU o el Consejo de Seguridad puede fragmentar respuestas a crisis, complicando corredores humanitarios, ceses al fuego y procesos de reconstrucción.

Lo que dicen la ONU y gobiernos

La Secretaría de la ONU ha intentado bajar la tensión: el portavoz Farhan Haq señaló que la organización “ha coexistido junto a cualquier número de organizaciones”. Pero muchos diplomáticos ven la iniciativa como un intento de desmantelar el consenso multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial. R. Nicholas Burns, exembajador estadounidense, habló de un “vínculo de confianza roto” con aliados europeos.

Riesgos financieros y legales

Analistas advierten que las contribuciones millonarias previstas podrían reducir la financiación disponible para agencias de la ONU. Marc Weller sostuvo que el modelo de dependencias financieras podría socavar la sostenibilidad de la cooperación internacional. Además, la naturaleza personalista del cargo plantea preguntas legales: ¿puede un exmandatario conservar poderes equivalentes tras dejar la Casa Blanca? Funcionarios estadounidenses admiten que Trump “podría desempeñar un papel central incluso después de dejar la presidencia”.

¿Qué hacer ahora? —Propuestas concretas

  • Exigir transparencia total: estatutos públicos, mecanismos de auditoría internacional y participación de ONG independientes en la supervisión.
  • Parlamentos y congresos deben revisar compromisos financieros y condiciones de adhesión para evitar decisiones unilaterales del Ejecutivo.
  • Buscar mecanismos de complementación, no sustitución, con la ONU: acuerdos operativos que eviten duplicidades y protejan a civiles.
  • Activismo ciudadano: pedir a representantes que informen y consulten antes de avalar adhesiones que comprometen fondos públicos.

La “Junta de Paz” promete un nuevo aparato de poder global centrado en la figura de Trump. Para muchos, puede ser una solución rápida; para otros, el mayor riesgo para la paz sostenible: concentrar decisiones críticas en manos de un solo hombre. La pregunta que queda en el aire es si el mundo aceptará una paz a la medida de un líder o exigirá instituciones con controles reales y legitimidad compartida.

Con información e imágenes de: Milenio.com