Inflación 3.45% en septiembre: sorpresa positiva mientras la subyacente se modera

INEGI informó que la inflación general anual se ubicó en 3.45% en septiembre, una lectura que sorprendió por ser más baja de lo esperado mientras la inflación subyacente mostró una clara desaceleración. El dato refuerza la expectativa de que el Banco de México mantendrá la tasa de interés en niveles actuales por algún tiempo, coinciden analistas y expertos consultados.

Detrás de los números hay dos lecturas distintas: por un lado, la baja de la inflación subyacente —la que elimina alimentos y energía y mide presiones más persistentes— indica que las presiones inflacionarias internas comienzan a ceder. Por otro, la inflación general aún queda ligeramente por encima de la meta oficial del 3%, por lo que no puede celebrarse un triunfo absoluto.

Para las familias esto tiene efectos concretos. Cuando la subyacente baja, los precios de servicios, alquileres y salarios se moderan, lo que puede mantener estable el poder adquisitivo de quienes viven de ingresos fijos. Pero muchas personas siguen sintiendo la volatilidad en la cesta básica y en combustibles, rubros que empujan picos temporales y que golpean más a los hogares de menores ingresos. Por ejemplo, una compra semanal de frutas, verdura y transporte puede seguir pesando más en el presupuesto de una familia que en la de otra que gasta más en servicios.

Banxico está en el centro del tablero. Tras meses en que la entidad elevó la tasa para contener la inflación, el reporte de INEGI abre la puerta a una pausar en el ciclo restrictivo. Mantener la tasa puede favorecer la recuperación económica al bajar el costo financiero para empresas y deuda familiar, pero también obliga al banco central a vigilar de cerca que la inflación no vuelva a repuntar por choques externos o por aumentos en precios regulados.

Analistas consultados subrayan que la lectura favorable no garantiza tranquilidad automática. Factores como el tipo de cambio, precios internacionales de la energía, y los dinamismos en los mercados alimentarios siguen siendo riesgos reales. Si alguno de esos elementos vuelve a presionar al alza, la ventaja de septiembre podría desvanecerse rápido.

Desde una mirada crítica, el dato deja en evidencia que la política económica necesita ajustes que vayan más allá del control monetario. La lucha contra la inflación también requiere políticas fiscales que protejan a los más vulnerables, programas para reducir los costos logísticos y apoyo a pequeños productores para contener los precios de alimentos. Sin esas acciones, la estabilidad de precios corre el riesgo de ser frágil y desigual.

El resultado de septiembre es una noticia moderadamente buena, pero con matices. Como dice la metáfora: reducir la temperatura no es lo mismo que curar la enfermedad. El termómetro bajó, pero el paciente aún necesita atención sostenida. INEGI y Banxico seguirán siendo las referencias clave; los decisores públicos deben aprovechar este respiro para reforzar políticas que incidan directamente en el bolsillo de la gente.

Fuentes: INEGI; Banco de México y análisis de especialistas económicos consultados por este periódico.

Con información e imágenes de: Latinus