Fuego desbocado arrasa 20.000 hectáreas en Tolima y mantiene 24 focos activos en 13 municipios

Más de 20.000 hectáreas de vegetación han sido consumidas por el fuego en el departamento del Tolima, en el centro-occidente de Colombia, donde este viernes 21 de agosto las autoridades reportaron 24 focos activos en 13 municipios. La Gobernación del Tolima y el Cuerpo de Bomberos Voluntarios informaron que la emergencia obligó a movilizar brigadas de otras regiones para intentar contener el avance de las llamas, que ya han arrasado cultivos, interrumpido carreteras y puesto en riesgo viviendas y ganado.

Según reportes de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la Gobernación, los municipios más afectados incluyen zonas rurales de Ibagué, Prado, Flandes y Melgar, aunque el fuego se ha extendido de forma discontinua por varios municipios. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) advirtió condiciones de baja humedad y vientos que complican las labores de control.

«La cosecha se fue en una noche. No alcanzamos a salvar nada», relató un agricultor de Prado consultado por este diario, mientras voluntarios cargaban mangueras y escasas herramientas manuales para contener una nueva embestida del fuego. Testimonios similares llegan desde veredas donde los residentes han improvisado cortafuegos para proteger sus viviendas y animales.

Las autoridades han denunciado la multiplicidad de causas: fuego intencional para limpiar predios, quema agrícola mal controlada y la confluencia de un periodo seco prolongado. El panorama, sin embargo, no se explica sólo por factores naturales. La Gobernación reconoció limitaciones en recursos aéreos y en equipos especializados, y desde la UNGRD se solicitó apoyo logístico y técnico a nivel nacional.

Este incidente desnuda fallas estructurales en la política pública de prevención y gestión del riesgo: falta de inversión en brigadas locales, debilidad en los programas de educación rural sobre el manejo del fuego y escasa planificación territorial que proteja zonas agrícolas y ecosistemas estratégicos. Organizaciones ambientales y comunidades piden, además de la respuesta inmediata, planes de restauración y medidas de largo plazo para evitar que paisajes enteros se conviertan en ceniza cada temporada seca.

En el terreno, los bomberos y brigadistas trabajan con herramientas manuales y con apoyo limitado de motobombas. Desde la Gobernación del Tolima se informó que se han solicitado aeronaves y recursos a la Alcaldía de Ibagué y a entidades nacionales, incluyendo el Ministerio de Ambiente, para intensificar la atención. Mientras tanto, pobladores organizan acopios de agua y refugios temporales para animales desplazados.

La crisis actual debería ser un llamado de atención: más allá de la emergencia inmediata, hace falta fortalecer la prevención, capacitar a las comunidades rurales y asignar recursos a sistemas de alerta temprana. Sin esos cambios, advertidos por el IDEAM y la UNGRD, las llamas volverán a cobrar territorios y vidas. Para muchas familias del Tolima, la reconstrucción no será solo rehabilitar tierras sino recuperar la esperanza y la seguridad alimentaria perdida entre las brasas.

Fuente: Gobernación del Tolima, Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), IDEAM y Cuerpo de Bomberos Voluntarios.

Con información e imágenes de: France 24