Madres contra el olvido: la búsqueda desesperada de los desaparecidos que el Estado no resuelve

Unos montones de tierra se calientan al sol, un sol durísimo, a la orilla de la laguna de La Habana, a unos 40 kilómetros al sur de la Ciudad de México. Dedos que chasquean la tierra hasta detenerse en huesecillos. Junto a forenses y funcionarios están madres que no aceptan el silencio oficial: “En este país sales a buscarlos o te quedas llorando en casa”.

La imagen se repite en fosas, bordes de ríos, predios baldíos y cementerios improvisados en todo México. Lo que para muchos sería una pesadilla privada es, para miles de familias, una labor pública y agotadora: buscar, excavar, identificar. La cifra oficial no cura el dolor: según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) hay más de 100,000 personas reportadas como desaparecidas en las últimas décadas. Esa estadística está detrás de decenas de colectivos ciudadanos que han tomado palas, picos y kits forenses porque las instituciones no dan respuesta.

Lo que el Estado ha hecho —y lo que no

  • Avances institucionales: en los últimos años se creó el RNPDNO, la Comisión Nacional de Búsqueda y se han aprobado protocolos de búsquedas e identificación. También se han impulsado bancos de datos genéticos.
  • Fallas persistentes: la capacidad forense es insuficiente frente al volumen de restos; hay atraso en los peritajes y en la comparación de perfiles genéticos; muchas fiscalías estatales carecen de protocolos uniformes y recursos. El resultado: meses y años sin respuestas o restos que no se pueden identificar.

El choque entre avances legales y la realidad en el terreno es brutal. Hay marcos normativos, pero no siempre hay presupuesto ni personal especializado. Las búsquedas ciudadanas han denunciado falta de coordinación con las fiscalías, irregularidades en el manejo de evidencias y largos plazos para que una muestra de ADN sea procesada.

Testimonios que cortan

“En este país sales a buscarlos o te quedas llorando en casa”, dice una madre entre la tierra y los huesos. Sus manos, como las de muchas, saben distinguir una falange de una piedra. La búsqueda es también un acto político: visibiliza el abandono institucional y fuerza a las autoridades a actuar, aunque sea de forma reactiva.

Datos que no se ven en una foto

  • Más de 100,000 personas registradas como desaparecidas en el RNPDNO (cifra acumulada en las últimas dos décadas).
  • Centros de medicina forense y servicios periciales en muchas entidades con retrasos y falta de insumos.
  • Colectivos ciudadanos que han recuperado y entregado restos a familiares, en muchos casos sin apoyo oficial adecuado.

Quiénes buscan y cómo

Existen grupos organizados y redes locales: colectivos de madres y familiares, brigadas de búsqueda, organizaciones civiles y voluntarios independientes. Estos grupos han aprendido a excavar con técnicas rudimentarias, a registrar hallazgos y a coordinarse con peritos cuando es posible. Entre los nombres más conocidos están colectivos como el “Solecito” de Veracruz y las “Madres Buscadoras” de distintos estados, denunciando la precariedad con la que se realizan las búsquedas oficiales.

Problema Impacto Qué hace falta
Colapso forense Retardos en identificación, restos en depósitos sin clasificación Más peritos, laboratorios regionales, equipos y protocolos unificados
Información fragmentada Familias sin acceso a datos, duplicidad o pérdida de expedientes Transparencia en bases de datos, ruta clara para familiares
Escasez de apoyo a colectivos Búsquedas ciudadanas improvisadas y riesgo en campo Formación, equipamiento y coordinación oficial-responsable

Responsabilidades y remiendos

No todo es culpa de una sola administración: la ola de desapariciones comenzó y se profundizó en varias décadas marcadas por violencia, crimen organizado y fallas estructurales en seguridad y justicia. Sin embargo, la responsabilidad actual es clara: el Estado debe convertir leyes y registros en resultados tangibles. Donde hay demoras y opacidad hay más sufrimiento y desesperanza.

Iniciativas que funcionan y pueden escalar

  • Creación de bancos genéticos para familiares, con protocolos claros para la toma y resguardo de muestras.
  • Capacitación y certificación de brigadas de búsqueda comunitarias que trabajen coordinadas con peritos.
  • Implementación de cementerios forenses dignos y registros públicos accesibles.
  • Apoyo sicológico y jurídico a familiares durante y después de las búsquedas.

En varios estados donde se fortalecieron laboratorios forenses y se financió trabajo interinstitucional la tasa de identificaciones mejoró. Esas experiencias muestran que sí hay soluciones: más recursos, menos simulación y mayor coordinación entre fiscalías, instituciones de salud y colectivos.

Qué puede hacer la sociedad

  • Exigir transparencia en los registros y presupuesto claro para identificación forense.
  • Apoyar a colectivos con capacitación o recursos básicos y exigir protocolos de seguridad para búsquedas.
  • Registrar muestras de ADN en bancos familiares y acompañar a los afectados en sus trámites.

Conclusión

La tierra que se revisa a la orilla de la laguna no solo guarda huesos: guarda historias, nombres y una deuda pública. Las familias que escarban no son un adorno dramático en una estadística: son la evidencia de que las políticas vigentes aún no curan la herida. Si el Estado no acelera la identificación y no acompaña a las familias, la búsqueda seguirá siendo una tarea que los ciudadanos pagan con su cansancio y su dolor. Y mientras tanto, como dice una madre con las manos llenas de polvo, la alternativa es sencilla y brutal: salir a buscarlos o quedarse llorando en casa.

Fuentes: Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), reportes de comisiones estatales de búsqueda, testimonios de colectivos ciudadanos y reportes periodísticos y académicos sobre capacidades forenses en México.

Con información e imágenes de: elpais.com