La norma sismorresistente colombiana supera expectativas, dice gina villalobos

Por: Redacción especial

El terremoto del 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar (Chocó) y 82 km de profundidad, sacudió el centro y occidente del país y dejó, hasta ahora, más de un centenar de muertos y cientos de heridos y desaparecidos. Pereira y Cali concentran la mayor parte de las víctimas. El Servicio Geológico Colombiano confirmó la ubicación y profundidad del sismo; el gobierno nacional declaró la situación como desastre de carácter nacional y el presidente Abelardo de la Espriella viajó a las zonas afectadas.

En medio del dolor y la emergencia, una voz técnica insiste en que algo funcionó: la norma sismorresistente vigente. Conversamos con Gina Villalobos, ingeniera civil y PhD en Ciencias de la Tierra y Sismología, quien afirma que la normativa superó expectativas y redujo el alcance del desastre en muchos edificios modernos.

“No estamos celebrando vidas perdidas, pero sí constatando que la reglamentación y la práctica constructiva reciente evitaron un colapso masivo en ciudades clave. Las edificaciones diseñadas y construidas bajo la norma sismorresistente mostraron daños limitados comparadas con las estructuras antiguas y las viviendas informales”, dice Villalobos.

Qué funcionó y qué no

Según Villalobos y los primeros informes técnicos, hubo factores que mitigaron el impacto:

  • Diseño y materiales modernos: edificios recientes con cimentaciones y sistemas disipadores sufrieron daños más reparables.
  • Inspecciones preventivas: en zonas con controles urbanos activos se detectaron fallas menores a tiempo.
  • Respuesta institucional inmediata: la activación de protocolos de emergencia evitó más víctimas en sectores con refugios y rutas claras.

Pero la experta también advierte fallas graves que no pueden ocultarse:

  • Vivienda informal: asentamientos y casas de autoconstrucción en laderas y cauces siguen siendo los puntos más vulnerables.
  • Edificios antiguos: patrimonios y torreones sin refuerzo colapsaron o quedaron inservibles.
  • Inspección desigual: la norma existe, pero su cumplimiento y fiscalización no son homogéneos entre municipios.

Casos en Pereira y Cali: la diferencia entre norma y realidad

Pereira y Cali, epicentros de la tragedia humana de esta emergencia, muestran el contraste. En sectores con desarrollos recientes las pérdidas materiales fueron menores; en barrios populares y en edificaciones previas a la modernización de la normativa, los daños fueron catastróficos.

“Es como si tuviéramos una muralla invisible construida con normativa moderna en algunas partes de la ciudad, y en otras caminamos desprotegidos. La norma ayuda, pero solo si se aplica y se acompaña de políticas sociales”, afirma Villalobos.

Recomendaciones urgentes

Villalobos propone medidas concretas, pensadas para evitar que tragedias como esta se repitan con la misma factura humana:

  • Mapeo y priorización: identificar escuelas, hospitales y viviendas críticas para intervención rápida.
  • Programas de reforzamiento: subsidios y créditos blandos para reforzar viviendas antiguas y unidades de interés social.
  • Fiscalización efectiva: auditorías técnicas periódicas a construcciones públicas y privadas.
  • Educación y simulacros: campañas comunitarias y ejercicios reales para reducir la confusión en emergencias.
  • Transparencia en la reconstrucción: rendición de cuentas clara en contratos y procesos de reparación.

Balance final: avance real, responsabilidad pendiente

La lectura de Villalobos es directa: la norma sismorresistente colombiana no es una varita mágica, pero sí ha demostrado ser un colchón que amortigua el golpe cuando se aplica correctamente. El gran desafío ahora es convertir ese colchón en una red de seguridad para todos, no solo para quienes pudieron pagar construcciones nuevas.

En pocas palabras: la norma superó expectativas técnicas y salvó vidas en lugares donde se respetó. Donde no se respetó, la tragedia fue más profunda. La lección es clara: invertir en prevención, fiscalización y justicia social es la diferencia entre un temblor que asusta y un temblor que destruye comunidades.

Fuentes: entrevista con Gina Villalobos (ingeniera civil, PhD en Ciencias de la Tierra y Sismología); informe sísmico inicial del Servicio Geológico Colombiano; declaraciones oficiales sobre la declaración de desastre nacional.

Con información e imágenes de: France 24