La carretera pereira–cali que no perdona: lo que nadie contó tras el sismo

Por Rosa Pérez Masdeu, enviada especial

De Pereira a Cali, la vía se ha convertido en una cicatriz móvil: polvo, escombros y casas a media caída que miran a la carretera como quien mira una herida abierta. Lo que en los comunicados oficiales figura como “sector afectado” en los mapas, en el terreno tiene nombre propio: familias que perdieron todo, barrios convertidos en escombros y la certeza de que la reconstrucción va a chocar con una burocracia lenta y recursos escasos.

San Francisco, Valle: la devastación es absoluta. Habitantes y autoridades coinciden en que muchas viviendas colapsaron y las pocas que quedaron en pie deben ser demolidas por riesgo de nuevos desplazamientos. El panorama, según reportes preliminares de la alcaldía municipal y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), incluye zonas con riesgo de deslizamiento y tramos de carretera con pérdida de banca que complican el acceso de equipos de emergencia.

En el kilómetro 28, a la altura del corregimiento La Esperanza, una madre sostiene a su hijo entre los escombros y dice: “No nos contaron que perderíamos la casa y la vida tal como la conocíamos”. No es una queja aislada. Decenas de familias relatan retrasos en la llegada de ayuda humanitaria, cortes prolongados de energía y desabastecimiento de agua potable en puntos clave entre Pereira y Cali.

¿Qué dicen las cifras y quién responde?

La información en campo todavía es parcial pero convergente. Organismos de socorro —Bomberos, Cruz Roja y la UNGRD— y las alcaldías locales han informado de lo siguiente en comunicados y boletines internos, según fuentes consultadas por esta enviada:

Aspecto Informe preliminar
Viviendas colapsadas Decenas en San Francisco y sectores rurales aledaños; otras decenas con daño estructural severo
Familias desplazadas Cientos, con concentración en albergues temporales y casas de familiares
Estado de la vía Pereira–Cali Tramos con pérdida de banca, grietas y caída de taludes que obligan a pasos regulados y, en algunos puntos, cierre parcial
Atención institucional Presencia de equipos de emergencia y valoraciones técnicas; reclamo por velocidad y coordinación

Estas cifras son preliminares y están en proceso de verificación por parte de las autoridades. La Defensoría del Pueblo ha pedido celeridad en el censo de afectados y en la protección de derechos básicos.

Lo que se ve y lo que no se dice

En la carretera se repiten escenas que los mapas no muestran: niños sin escuela, adultos sin trabajo, cultivos destruidos y rutas de transporte interrumpidas que afectan la economía regional. Hay tres problemas que se repiten en las entrevistas con habitantes y líderes comunitarios:

  • Demoras en la atención: vecinos denuncian que la ayuda tardó en llegar a puntos rurales retirados y que la información sobre albergues y ayudas es confusa.
  • Riesgo de segunda crisis: la falta de estudios geotécnicos completos puede provocar nuevas evacuaciones si se reabren tramos sin la debida evaluación.
  • Reubicación y memoria: nadie ha explicado aún planes claros de reubicación o reparación que respeten la vida comunitaria y las fuentes de subsistencia.

Qué hicieron y qué falta

Los equipos de emergencia han instalado albergues temporales, realizado atención médica básica y asegurado tramos críticos de la vía para el paso de vehículos de socorro. Sin embargo, fuentes que pidieron anonimato por temor a represalias administrativas señalan falta de coordinación interinstitucional y demora en el desembolso de recursos para demoliciones seguras y vivienda temporal.

Desde la administración departamental se informa que ya hay brigadas evaluando daños y que se abrirá una línea de asistencia para reconstrucción. La UNGRD, por su parte, declara que mantiene monitoreo constante y prioriza la seguridad vial y la atención humanitaria.

Historias que piden respuesta

María, agricultora de 53 años, resume el drama: “Perdimos la casa y la tierra. ¿Quién nos ayuda a volver a sembrar o a volver a nuestra vida?”. Esa pregunta es la misma en muchos patios: la reconstrucción no solo necesita maquinaria y cemento, requiere decisiones sobre empleo, acceso a educación y salud, y planes de largo plazo que incluyan mitigación de riesgo.

Qué se debe exigir ahora

  • Transparencia en el censo de afectados y en la asignación de recursos.
  • Evaluaciones técnicas publicadas y claras sobre el estado de la carretera y de viviendas para evitar decisiones apresuradas.
  • Programas de reubicación digna y recuperación de medios de vida, con participación comunitaria.
  • Supervisión ciudadana y rendición de cuentas de las obras de reconstrucción.

La vía Pereira–Cali no es solo una franja de asfalto; es el nervio que conecta hogares, mercados y escuelas. Si la reparación se limita a parchar grietas, el trauma social seguirá vigente. Si se actúa con rapidez, transparencia y enfoque social, puede convertirse en la línea de arranque para reconstruir comunidades que hoy piden ser escuchadas.

Rosa Pérez Masdeu recorrió la ruta acompañada por equipos locales de emergencia y conversó con habitantes, alcaldías y organizaciones de socorro para esta crónica. Las cifras y testimonios aquí citados son resultado del trabajo de campo y de los comunicados oficiales disponibles al momento de la publicación.

Con información e imágenes de: France 24