El agua en juego: fracking y glifosato sacuden el balotaje colombiano

Por qué la próxima elección puede decidir si ríos, acuíferos y comunidades resisten o ceden frente a una ola de proyectos extractivos y fumigaciones: un repaso desde la ciencia, la política y la vida cotidiana.

Gustavo Petro dejó una huella clara: poner la protección del ambiente como eje de gobierno y cuestionar el modelo basado en combustibles fósiles y grandes represas. Sus intentos por frenar nuevas exploraciones y limitar algunas hidroeléctricas hicieron sonar la alarma internacional sobre la conservación en Colombia, uno de los países más biodiversos del planeta. Pero muchas de esas medidas no quedaron blindadas. Ahora, con el balotaje abierto y la posibilidad de un giro en la Casa de Nariño, activistas, comunidades rurales y expertos advierten que está en juego algo que no se recupera fácil: el agua.

Qué está en discusión

  • Fracking: la fracturación hidráulica implica inyectar grandes volúmenes de agua con químicos a alta presión para extraer gas o petróleo. Los críticos señalan riesgos de contaminación de acuíferos, aumento de sismicidad y enormes demandas hídricas en regiones vulnerables.
  • Glifosato: este herbicida, usado tradicionalmente en la erradicación aérea de cultivos ilícitos, está en el centro del debate por potenciales efectos en la salud humana y en ecosistemas acuáticos. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) lo clasificó como “probable carcinógeno”, y su uso ha sido objeto de restricciones y polémicas en Colombia y el mundo.

Lo que ganó Petro y lo que quedó sin blindaje

El gobierno que impulsó Petro avanzó en visibilizar transiciones energéticas y en frenar nuevos megaproyectos hidroeléctricos en ciertas cuencas. Sin embargo, muchos cambios quedaron sujetos a decretos o decisiones administrativas que pueden revertirse con un nuevo mandatario. Eso es lo que prende la alarma entre ONG, liderazgos indígenas y alcaldías locales: sin reformas constitucionales o leyes firmes, los límites pueden modificarse con rapidez.

Por qué importa para la gente

  • Acceso al agua: la contaminación o el sobreuso de acuíferos afecta potabilización, riego y pesca. Un pozo comunitario puede secarse o llenarse de compuestos difíciles de eliminar.
  • Salud: la exposición a herbicidas y a metales pesados ligados a actividades extractivas se asocia con enfermedades crónicas en varias regiones.
  • Economía local: la pesca, el turismo rural y la agricultura de pequeños productores dependen de ríos limpios; un proyecto extractivo puede cambiar el paisaje productivo en pocos años.
  • Cultura y derechos territoriales: comunidades indígenas y afrodescendientes ven en el agua un elemento central de identidad y supervivencia, no solo un recurso económico.

Lo que dicen los expertos

  • Hidrogeólogos y ecólogos advierten que el fracking puede contaminar aguas subterráneas que tardan décadas en recuperarse. La mezcla de químicos y sales que reemplaza al agua potable no es un daño fácil de remediar.
  • Instituciones científicas internacionales han señalado riesgos del glifosato sobre la salud; aunque hay debates sobre dosis y metodologías, la exposición repetida en comunidades rurales es motivo de preocupación.
  • Economistas ambientales recuerdan que los beneficios económicos a corto plazo suelen concentrarse, mientras los costos ambientales y sociales se pagan por generaciones.

Testimonios de primera línea

Campesinos del Putumayo cuentan que, tras años de fumigaciones, aumentaron dolores respiratorios y enfermedades cutáneas en sus familias. Pescadores del río Magdalena narran cómo cambios de cauce y sedimentos fruto de proyectos y deforestación han reducido las capturas. Estas voces no solo son anécdotas: alimentan denuncias y solicitudes de monitoreo epidemiológico y ambiental.

Comparación rápida: riesgos y promesas

Política Promesas o ventajas Riesgos concretos
Restricción de fracking Protege acuíferos y modos de vida locales; impulsa transición energética Posible pérdida de ingresos directos del sector hidrocarburos; presiones por empleo
Uso controlado de glifosato Estrategia rápida contra cultivos ilícitos, menor costo logístico Impacto en salud humana y biodiversidad; resistencia social y legal
Expansión de proyectos hidroeléctricos Generación de energía a gran escala Afectación de cuencas, desplazamiento y pérdida de servicios ecosistémicos

Qué piden la sociedad y las organizaciones

  • Evaluaciones ambientales estrictas y participativas antes de cualquier permiso.
  • Monitoreo independiente del agua y salud pública con acceso a datos abiertos.
  • Respeto por derechos territoriales y consulta previa con comunidades indígenas y afrodescendientes.
  • Políticas alternativas contra las economías ilícitas que no dependan únicamente de fumigaciones, incluyendo programas de sustitución de cultivos con garantías reales.

La elección y la cuenta regresiva

El balotaje no es solo una disputa por quién ocupa el Palacio de Nariño. Es una decisión sobre qué modelo de país se prioriza: uno que apuesta por proteger cuencas, biodiversidad y salud pública ante la presión extractiva, o uno que podría facilitar la reactivación de fracking y ampliar el uso de herbicidas como el glifosato en la estrategia contra cultivos ilícitos. Para millones de colombianos, la respuesta definirá la cantidad y calidad del agua que tendrán dentro de veinte años.

Qué puede hacer el ciudadano

  • Informarse sobre las propuestas de los candidatos en materia ambiental y exigir claridad en cifras y plazos.
  • Participar en foros locales y exigir evaluación ambiental y social de proyectos en su región.
  • Apoyar iniciativas de monitoreo ciudadano del agua y sumar firmas a peticiones públicas cuando las haya.

En el tablero político del país, el agua no es un recurso neutro: es moneda, memoria y futuro. Votar, exigir transparencia y sostener la vigilancia social puede ser la diferencia entre un río que sigue dando vida y una herida que tarda generaciones en cerrarse.

Con información e imágenes de: France 24