Orillas de Sarayu se llenan de luz mientras Ayodhya celebra el regreso de Rama
Miles de personas acudieron a la ciudad santa para Diwali; la fiesta ilumina la economía local pero reaviva debates sobre uso de fondos públicos y la gestión del espacio urbano
Ayodhya, al norte de la India, se transformó la noche pasada en un mar de lámparas y velas. Las orillas del río Sarayu aparecieron puntilladas por diyas —pequeñas lámparas de aceite— y luces que, según reportó Reuters, atrajeron a decenas de miles de peregrinos y turistas para conmemorar el regreso del príncipe Rama con Sita tras 14 años de exilio, un relato que simboliza la victoria de la luz sobre la oscuridad en la festividad de Diwali.
La escena fue de celebración: familias que compartían comida en los ghats, grupos que cantaban bhajans, vendedores callejeros con puestos temporales y largas filas para visitar los nuevos espacios alrededor del templo. The Hindu recogió testimonios de peregrinos que dijeron haber viajado desde estados vecinos atraídos tanto por la devoción como por la reciente atención mediática sobre el desarrollo del Ram Mandir, inaugurado oficialmente en enero de 2024.
El impacto económico local fue evidente. Hoteles, transporte y comerciantes informales experimentaron un aumento de ingresos, algo que las autoridades promocionan como fruto de inversiones en infraestructura para potenciar el turismo religioso, según Hindustan Times. Hay, no obstante, un lado menos luminoso: críticos locales y columnistas señalaron en Indian Express que esta priorización puede desviar recursos de servicios básicos como salud y educación en distritos rurales circundantes.
La seguridad fue exhaustiva. Reuters y la BBC describieron un despliegue policial visible y controles en accesos, medidas justificadas por las autoridades para evitar incidentes y gestionar el flujo de peregrinos. Pero algunos vecinos consultados por The Hindu expresaron cansancio por los cortes de calles y las restricciones temporales que afectan su vida cotidiana y comercio regular.
En el terreno cultural y político, la celebración reavivó debates más amplios. Para muchos, Diwali en Ayodhya es una reafirmación identitaria y una oportunidad para el reencuentro familiar. Sin embargo, académicos y periodistas recordaron, según análisis publicados en The Hindu y Reuters, que el uso de la ciudad como escaparate nacionalista ha polarizado percepciones y plantea preguntas sobre la naturaleza secular del Estado y la prioridad de gasto público.
Entre la multitud se escucharon también pequeñas historias de solidaridad: voluntarios organizando limpieza de los ghats, colectivos de jóvenes ofreciendo agua y atención básica, y organizaciones locales coordinando transporte para personas mayores. Estas iniciativas, documentadas por medios locales como Hindustan Times, muestran el tejido comunitario que sostiene las grandes celebraciones.
Ayodhya encendió Diwali con esplendor, pero la luz dejó ver, además de la devoción, tensiones sobre la dirección de las políticas públicas. La ciudad ofrece un espejo: sus luces celebran la tradición, mientras las decisiones administrativas sobre inversión, memoria histórica y espacio público seguirán marcando la vida cotidiana de quienes viven y visitan la región.
Reportó desde Ayodhya para este medio con información de Reuters, The Hindu y Hindustan Times.

