Fallece Bob Pettit, el primer MVP que elevó a los Hawks

Por [Redacción]

La NBA pierde a uno de sus pioneros. Bob Pettit, figura esencial en la historia de los Hawks y primer ganador del premio al Jugador Más Valioso de la liga, ha fallecido, según informó la propia NBA en un comunicado. Su legado queda anclado en una época en que el baloncesto profesional comenzaba a dejar de ser un pasatiempo para transformarse en industria cultural y económica.

Pettit, que condujo a los Hawks al único título de la franquicia en 1958 tras derrotar a los poderosos Celtics de Boston, se retiró tras la temporada 1964-65. Fueron años en los que su presencia en la cancha —según datos de Basketball-Reference— lo consagraron como uno de los jugadores más dominantes: promedios de carrera que rozaron los 26 puntos y más de 16 rebotes por partido, múltiples selecciones al All-Star y el honor de ser el primer MVP de la NBA, reconocimiento que ganó en 1956 y volvió a obtener en 1959.

La final de 1958, frente a los Celtics de Bill Russell y compañía, sigue siendo una metáfora: una ciudad pequeña, St. Louis, frente al gigante de Boston. Pettit hizo de motor y ancla; su reboteo y puntería rompieron la expectativa de que solo los equipos con estrellas preeminentes podían levantar la copa. Aquella serie demostró que el deporte puede ofrecer sorpresas y comunidades que se reconocen en sus equipos.

Pero la historia de Pettit también obliga a mirar con ojo crítico la relación entre ligas que crecen y las condiciones de quienes hicieron ese crecimiento posible. La NBA de hoy genera miles de millones; en la suya, los salarios, las pensiones y los servicios médicos no alcanzaban para garantizar la tranquilidad de los retirados. La mudanza de la franquicia de St. Louis a Atlanta a finales de los años sesenta dejó otra huella: comunidades que pierden identidad cuando el mercado manda. Son lecciones que la industria y las autoridades deportivas deben asumir.

En los últimos años la liga ha avanzado en programas de apoyo a exjugadores, salud y pensiones, pero esa respuesta llega tarde para muchos. Reconocer a Pettit es también un recordatorio para mejorar los mecanismos de bienestar para quienes dieron todo en la cancha cuando la protección institucional era menor. La NBA, que comunicó la noticia del fallecimiento, tiene la oportunidad y la responsabilidad de profundizar esos compromisos.

Más allá de la crítica institucional, el legado deportivo de Pettit es indiscutible. Su inclusión en el Salón de la Fama, sus dobles MVP y su papel en la primera gran era de popularización del baloncesto profesional lo sitúan entre los grandes del juego. Para las nuevas generaciones, su historia debe servir como ejemplo deportivo y como advertencia: la grandeza en la cancha debe ir acompañada de redes públicas y privadas que sostengan a las personas cuando cuelgan las zapatillas.

Según el comunicado de la NBA y reportes de agencias como Associated Press, familiares y compañeros han recordado a Pettit como un competidor feroz y una persona discreta fuera de la pista. Su muerte abre un espacio de recuerdo y también de debate sobre cómo las instituciones deportivas honran y protegen a sus figuras históricas.

Si el deporte es una conversación pública sobre esfuerzo, comunidad y orgullo, la figura de Bob Pettit nos recuerda que esa conversación debe incluir justicia social: pensiones dignas, atención médica y reconocimiento real. Celebrar sus logros no es suficiente si no aprovechamos el momento para corregir desigualdades que persisten. La NBA y las ciudades que albergan equipos tienen la responsabilidad de convertir el homenaje en políticas concretas que cuiden a quienes hicieron grande al juego.

Fuentes: NBA, Basketball-Reference y Associated Press.

Con información e imágenes de: Latinus