De recibir numerosos premios a vender sus libros en la calle; la triste situación del escritor César Vega Herrera

Por: Redacción

En las décadas de 1970 y 1980 César Vega Herrera fue una voz reconocida del teatro y la narrativa peruana. Obras como Ipacankure (1968), que aborda el diálogo entre dos personas en pobreza extrema, le abrieron paso a una carrera con premios y menciones internacionales. Hoy, sin embargo, el autor aparece todos los días en una banca del parque Julio Ramón Ribeyro, en Miraflores, ofreciendo sus libros a quien pase.

Quién es y qué conquistó

Nacido el 29 de febrero de 1936 en Arequipa, Vega Herrera comenzó a publicar en los años 60 y ganó reconocimiento en las décadas siguientes. Entre sus distinciones se cuentan:

  • Premio Nacional Fomento de la Cultura, por La noche de los Sprunkos.
  • Premio Tirso de Molina, por la obra ¿Qué sucedió en Pasos?.
  • Mención honorífica de la Casa de las Américas (Cuba), por Ipacankure.

Además ejerció la docencia en la Escuela Nacional de Arte Dramático del Perú, aunque luego dejó de estar vinculado a la institución por no contar con título formal, según testimonios y reseñas periodísticas de su trayectoria.

Cómo llegó a vender libros en un parque

Recientemente una publicación en Instagram de la creadora de contenido Rocío M. Orccon mostró a Vega Herrera instalando sus ejemplares en una banca del parque Julio Ramón Ribeyro. En la charla con la joven, el autor dijo: “Yo siempre estoy por acá. Ya tengo 90 años y tengo buena salud. Mi hijo no tiene nada qué ver con la literatura, mi hija tampoco”.

La familia, según una entrevista publicada en 2024 por el diario El Comercio, ha intentado gestionar una reedición de sus obras respetando sus regalías. También buscó apoyo estatal a través de una pensión, que se evaluó pero no prosperó por el argumento de que el autor posee un departamento.

El problema de fondo: olvido institucional y precariado cultural

El caso de César Vega Herrera no es aislado. Pone en evidencia problemas estructurales en la política cultural: la falta de mecanismos estables para asegurar ingresos dignos a creadores mayores, procedimientos de reconocimiento que no siempre se traducen en apoyo económico y la dificultad de mantener vigentes catálogos fuera del circuito comercial.

En paralelo, la demanda social por rescatar obras y la labor de familiares o de lectores se vuelven decisivas. El hijo del autor, Gabriel, ha pedido la reedición de los libros bajo condiciones que respeten las regalías del autor y no consistan en pagarle únicamente con ejemplares.

Qué medidas concretas se pueden impulsar

  • Reedición y distribución: impulsar acuerdos entre editoriales y la familia para reimprimir y difundir su obra, garantizando pagos por derechos.
  • Pensión o subsidio cultural: revisar criterios de acceso a pensiones para artistas mayores y evaluar casos excepcionales cuando la situación económica lo amerite.
  • Compras institucionales: que bibliotecas, universidades y municipalidades incorporen sus títulos para preservar el patrimonio cultural.
  • Programas de acompañamiento: convocar iniciativas de voluntariado editorial, lecturas públicas y ciclos teatrales que reactiven el interés por su obra.

Testimonio y cierre

En la grabación compartida por la creadora de contenido, César Vega Herrera concluye con una frase que resume su situación: “Nada más me quedan los recuerdos”. Es una imagen que interpela a autoridades, agentes culturales y lectores: ¿qué valoramos cuando decimos reconocer a nuestros escritores? ¿Cómo transformamos el reconocimiento simbólico en cuidado real?

Reconocer logros pasados no basta. Se necesita una voluntad institucional y colectiva para garantizar que quienes enriquecieron la vida cultural del país no terminen reducidos a vender sus libros en una banca. La historia de César Vega Herrera puede servir como punto de partida para impulsar políticas y actos concretos que protejan a las voces mayores de nuestra literatura.

Con información e imágenes de: Milenio.com