La Fórmula 1 de los drones autónomos: tres regios retan la era de la IA en Abu Dabi
DOMINGA.– Durante décadas, la ciencia ficción nos ha pintado imágenes de drones surcando los cielos en escenarios de alta tensión: batallas, persecuciones o competencias vertiginosas. Hoy, esa fantasía ha aterrizado en la realidad, y tres jóvenes regiomontanos han sido testigos de primera mano, participando en una desafiante carrera de drones autónomos en Abu Dabi, la vibrante capital de los Emiratos Árabes Unidos. Podríamos decir que fue la Fórmula 1 de los drones.
Un gigantesco pabellón, del tamaño de una nave industrial, en el Centro Nacional de Exposiciones, sirvió de escenario para el primer Campeonato de Drones Autónomos A2RL. Este evento se ha posicionado como un referente en el avance del vuelo autónomo y la robótica aérea, impulsado nada menos que por la Inteligencia Artificial (IA). Aquí, el sudor físico dio paso a un intenso desgaste mental, una batalla de ingenio donde los verdaderos protagonistas fueron los algoritmos, la programación y la aerodinámica.
De la guerra a la ayuda humanitaria: el doble filo de la tecnología dron
No es secreto que los drones han sido utilizados en contextos militares, e incluso en las sombras del crimen organizado, gracias a su capacidad para transportar cargas y atacar con precisión, rapidez y un costo relativamente bajo. Sin embargo, su faceta más amable es igualmente impactante. En México, tras recientes inundaciones, los drones se convirtieron en salvavidas, llevando alimentos y medicinas a comunidades aisladas por puentes y carreteras colapsadas. La tecnología también ha encontrado aplicaciones cruciales en la agricultura, la inspección de infraestructuras, labores de rescate y la búsqueda de personas desaparecidas, gracias al impulso de colectivos y a la inventiva de científicos que prometen expandir sus capacidades a límites insospechados.
La competencia de la A2RL (Liga de Carreras Autónomas de Abu Dabi) trasciende la simple velocidad. Su objetivo primordial es catalizar la innovación en IA, empujando a ingenieros y especialistas a superar las barreras de la programación y hacer de estos aparatos herramientas aún más indispensables en nuestra vida cotidiana.
El circuito de la carrera presentaba obstáculos desafiantes: zonas delimitadas, iluminación tenue y estructuras en forma de marcos morados esparcidos estratégicamente. Los drones, con su estructura de motor, hélices y sensores de alta precisión, debían atravesarlos a velocidades que superaban los 150 kilómetros por hora. Las hélices tenían la tarea de pasar por estos «gates» de 2.5 y 1.5 metros de diámetro.
Y ahí, en medio de esta vanguardia tecnológica, se encontraban los gemelos Eduardo y Alberto Castro Villasana, junto a su socio Rafael Sedas de Icaza, tres jóvenes recién egresados de la Universidad de Monterrey. Ellos no solo participaron, sino que abrieron un camino prometedor para la generación Z que busca romper moldes.
Tres mexicanos que soñaban con inventar y crear con tecnología
A sus 23 años, Eduardo (ingeniero en Mecatrónica), su hermano Alberto (ingeniero en Tecnologías Electrónicas y Robótica) y Rafael (también con especialidad en Mecatrónica) fundaron la empresa de drones Air Hive. La idea germinó el año pasado, justo al finalizar sus estudios universitarios. Aún como estudiantes, ya visualizaban un futuro donde inventar y crear con tecnología sería su motor. Decidieron enfocar su energía en la construcción de drones, analizando las necesidades del creciente sector industrial en Monterrey.
En febrero de este 2025, formalizaron su empresa y comenzaron a ofrecer drones para operaciones exteriores: supervisión, vigilancia, entregas y control de inventarios. Fue así como su experiencia llegó a oídos de Code 19, una compañía estadounidense con trayectoria en la A2RL, aunque enfocada previamente en automóviles de Fórmula 1 autónomos. La invitación para unirse a su equipo fue inmediata.
La inscripción a la competencia era gratuita y formaba parte de un programa impulsado por Aspire, una organización del Consejo de Investigación de Tecnología Avanzada, líder en IA y robótica, en colaboración con la Liga de Campeones de Drones y UNICEF, con el fin de capacitar a estudiantes emiratíes. Los jóvenes regiomontanos enviaron su solicitud, junto con documentos y videos que avalaban sus capacidades y conocimientos, sometiéndose a una exhaustiva evaluación. El premio mayor era un tentador millón de dólares.
Code 19 contaba con ingenieros expertos en Fórmula 1, pero buscaba incursionar en el mundo de los drones autónomos. Al carecer de especialistas en este campo, vieron en los mexicanos el talento ideal. La competencia inició en octubre de 2024, pero los regiomontanos fueron invitados a unirse para la segunda fase eliminatoria en enero de 2025.
Finalmente, el campeonato de drones con IA fue ganado por científicos holandeses de la Universidad Tecnológica de Delft. El equipo norteamericano, con el que compitieron los regiomontanos, logró ubicarse entre los diez finalistas.
Una justa de investigadores y científicos de todo el mundo
Eduardo y Alberto son aficionados al deporte y seguidores de los Rayados del Monterrey; disfrutan de una vida social activa como cualquier joven de su edad. Siempre fueron estudiantes destacados, pero con una actitud relajada. Durante la preparatoria, la elección de la rama académica era clave. Eduardo y Alberto optaron por el área de negocios, con la visión de fundar una empresa, mientras que Rafael Sedas de Icaza se inclinó directamente por la tecnología.
Fue durante la preparatoria que los gemelos desarrollaron una pasión por la ingeniería al ver videos en YouTube que mostraban proyectos innovadores, inspirándolos a «inventar algo». Se dieron cuenta de que la ingeniería era el camino para lograrlo, y al ingresar a la universidad, cada uno tenía su especialidad definida.
Para la competencia en Abu Dabi, los mexicanos debían presentar un proyecto a Code 19 que demostrara sus conocimientos. Eduardo advierte que no fue sencillo, ya que su experiencia principal era en drones de exterior (outdoor), y la competencia requería el manejo de drones en interiores (indoor). Los drones de exterior no tienen restricciones de espacio y son más comunes, mientras que en interiores las limitaciones de espacio y la proliferación de obstáculos aumentan drásticamente la complejidad.
La propuesta de los jóvenes fue aprobada a mediados de enero, y al día siguiente emprendieron el viaje a la segunda eliminatoria en Abu Dabi, donde permanecieron dos semanas y media. Eduardo y Alberto se trasladaron a la capital de los Emiratos Árabes Unidos, mientras que Rafael brindó apoyo desde Monterrey en los procesos de desarrollo y automatización. Su equipo compitió contra 50 escuadras en diversas pruebas, logrando avanzar entre los 14 finalistas para la gran definición en abril de 2025.
La última ronda reunió a investigadores, maestros y alumnos de doctorado, así como a especialistas independientes de países como Emiratos Árabes Unidos, Holanda, Alemania, República Checa, China, México, Japón, Corea, Canadá, Italia y España, entre otros. Alberto detalla que la mayor dificultad de la justa radicó en que los drones debían estar programados para recorrer la pista sin intervención humana alguna.
Alberto describe dos modalidades de competencia: una donde los pilotos utilizan lentes de realidad virtual para ver a través de las cámaras de los drones y los dirigen con un control remoto a través de los marcos morados. En la segunda, el objetivo es el mismo, pero sin la intervención directa del piloto. El equipo mexicano ya había programado el dron indicando la ruta, los obstáculos a sortear y los marcos por los que debía pasar. La consigna era clara: «teníamos que picarle un botón y que el dron hiciera todo el circuito solo».
Para lograrlo, el equipo debió introducir en la computadora las medidas exactas del espacio y del circuito. Este «mapa» fue programado en el dron, asignándole coordenadas precisas y la ubicación de cada puerta. La concentración fue un factor clave, según Eduardo, pues debían dedicar todo el día a desarrollar algoritmos lo suficientemente robustos y sofisticados para que su aparato volara de manera autónoma en interiores y completara los recorridos en el menor tiempo posible. «Nosotros prácticamente íbamos nuevos, y las pruebas que teníamos que hacer eran ahí directamente». El ambiente era una mezcla de satisfacción y compañerismo, pero la concentración y el espíritu competitivo imperaban. Aunque no era una justa deportiva en el sentido tradicional, la mente era el principal motor.
Las competencias de drones aspiran a crear soluciones
Aspire impulsa estas competencias como un medio para «resolver problemas críticos que inspiran el desarrollo de soluciones en tecnologías de vehículos robóticos autónomos aéreos y de superficie». Un ejemplo es su Desafío Internacional de Robótica Mohamed Bin Zayed, donde en su tercera edición, drones autónomos vigilaron y detectaron amenazas en aguas abiertas del Golfo Pérsico, prescindiendo de GPS y confiando únicamente en la fusión de sensores y programación.
Según su sitio web oficial, A2RL busca acelerar el desarrollo de sistemas autónomos avanzados e inspirar a la próxima generación de líderes en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, consolidando a Abu Dabi como un centro global en el desarrollo e implementación de tecnología autónoma.
Tras haber sido pionera en competencias de vehículos autónomos de Fórmula 1 y drones, A2RL ha anunciado que los torneos continuarán en los próximos años, sumando ahora buggies y vehículos todoterreno que competirán en dunas, prometiendo marcar la pauta para futuros desafíos tecnológicos. A2RL también organizó conferencias y diversas actividades para los cientos de asistentes. Los últimos dos días, las puertas se abrieron al público general, permitiendo a todos presenciar la competencia. Videos en YouTube muestran a una audiencia cautivada por las pequeñas aeronaves que zumbaban como avispas metálicas sobre un circuito iluminado. Se percibe la concentración de los equipos, intercambiando estrategias y demostrando sus habilidades para ganar el codiciado premio de un millón de dólares.
Mientras el equipo norteamericano se mantenía detrás de una malla divisoria, sus competidores hacían volar sus drones iluminados por turnos. Algunos impactaban contra los marcos, pero el ánimo permanecía intacto, con una montaña de reacciones que iban desde lamentos hasta risas, algunos llevándose las manos a la cara o a la cabeza. Entre ellos, se encontraban Eduardo y Alberto.
Los gemelos, que también dedican tiempo al fútbol y al pádel, recuerdan que desde el inicio de sus estudios universitarios, Eduardo se sentía fascinado por los límites que la tecnología podía alcanzar. Alberto Castro Villasana, por su parte, confiesa que antes de la preparatoria no mostraba interés alguno por las computadoras. Sin embargo, esa etapa despertó en él una profunda necesidad de creación y desarrollo para inventar cosas extraordinarias.
La competencia de tiempo y velocidad fue ganada por el equipo de Holanda, que completó dos vueltas al circuito en dos minutos. Eduardo estima que su dron alcanzó alrededor de 200 kilómetros por hora, mientras que el de su equipo se movió a unos 80 km/h. A pesar de no haber ganado, Eduardo considera que su desempeño fue notable para ser su primera incursión, logrando estar entre los diez finalistas.
«De hecho, es la primera [competencia] en el mundo, y hay personas que ya llevan, por ejemplo, el equipo que ganó, 10 años haciéndolo por su cuenta, por investigación y cuestiones de doctorados, pero esta fue la primera competencia en que ya se usó autonomía total de drones», explica Eduardo. Esta hazaña demuestra lo que se puede lograr con la autonomía. «No se creía, la verdad, nadie creía que se podía lograr en la primera competencia de esto».
Así enseñan a un dron a volar y sortear obstáculos
Los mexicanos no se alzaron con la victoria, pero sí se enriquecieron con nuevas técnicas que potenciarán el crecimiento de Air Hive. La empresa, que se dedica al diseño, construcción, programación y venta de drones outdoor, ahora incursiona en el sector indoor. Gracias a una empresa que solicitó drones para la gestión y organización de inventarios, iniciaron una campaña de exploración y venta en fábricas, almacenes y centros de distribución, identificando diversas problemáticas y necesidades que sus drones pueden resolver.
Eduardo lidera el área de diseño, donde crean prototipos en impresión 3D para realizar pruebas, antes de pasar a manos de Rafael, quien se encarga de la parte electrónica. Rafael describe sus responsabilidades, mostrando algunos de los drones que han construido: «un dron se conforma por hélices, motores, una pila, un GPS. Obviamente, necesita una especie de computadora, un chip que hace todo el razonamiento. Un recibidor para el control remoto, o sea, que recibe las señales». También incorporan un chip de telemetría, que mide y recopila datos de forma remota para la comunicación con el aparato y el monitoreo en la computadora del vuelo del dron.
Rafael se encarga de su construcción, determinando el peso, los componentes, las hélices, los motores y el controlador de vuelo, así como la batería y su autonomía. Luego, debe calibrarlos y verificarlos en vuelo para asegurar un rendimiento óptimo y una calidad excelente. «Requiere horas de vuelo, hasta perfeccionarlo, hasta que tengas un dron que es muy fácil de volar y confiable, muy preciso», explica. Se define como un emprendedor apasionado por su trabajo, pero que también disfruta de actividades como el tenis y salir de fiesta, como cualquier joven de su edad. Afirma con convicción: «No somos nerds».
En dos ocasiones, Rafael estudió en Alemania, y en la segunda estancia, realizó prácticas en Audi, lo que consolidó su vocación por la creación.
Alberto, por su parte, aclara que los drones pueden variar en configuración, existiendo modelos de cuatro, seis, ocho, diez e incluso dieciséis motores. Él dirige el área de software, donde su equipo de colaboradores se enfoca en el desarrollo de interfaces intuitivas, facilitando la comunicación entre el usuario y el sistema tecnológico, ya sea a través de un teclado o una pantalla táctil, para que el manejo del dron sea sencillo mediante una aplicación y se garantice una comunicación constante y óptima.
También se encarga de programar la autonomía para que los drones puedan navegar en un área sin depender de GPS. «Un GPS en exterior te facilita mucho la parte de ubicarte. Cuando nosotros estamos en un almacén no tenemos señal satelital, entonces no tenemos GPS, por lo tanto, nosotros metemos cámaras, metemos otro tipo de sensores; metemos una computadora todavía más fuerte para procesar todo eso y darle la posición. Todo eso de autonomía se programa, se simula y una vez ya funcionando el simulador lo hacemos que se haga en físico», explica Alberto.
La IA está presente en sus producciones, añade, integrándola durante la simulación para que los drones «aprendan a volar solos. Aprenden a volar, a mantenerse en el espacio». Alberto explica que los programan indicando a la computadora que deben evitar colisiones al detectar obstáculos, y el dron realiza ensayos repetidos hasta que las instrucciones quedan claras.
Los jóvenes ingenieros aplican estas técnicas de vanguardia incluso sin necesidad de trasladar el dron al lugar. Capturan un video para «mapear» el espacio, lo transfieren a su simulador y así enseñan al dron a moverse de forma autónoma.
Monterrey ofrece un potencial de expansión y posicionamiento
El Campeonato de Drones Autónomos A2RL brindó a la terna regiomontana la perspectiva para afianzarse en un nicho de mercado que, dada la naturaleza industrial de su ciudad, Monterrey, les ofrece un enorme potencial de posicionamiento y expansión. Por ello, están enfocando su mirada en la educación de esta tecnología, dirigida a instituciones, escuelas y centros de investigación, relata Rafael. El objetivo es que más personas, desde niños hasta jóvenes, aprendan a manejarlos, armarlos y programarlos.
«Muchas personas piensan que hacer ese tipo de cosas es súper difícil, y nosotros queremos darnos a la tarea de enseñar. Queremos que haya más talento de este tipo, que desarrollen esas tecnologías, porque es la única forma en la que vemos que puede crecer la tecnología en México», añade Alberto.
En la búsqueda de eficientar labores, prevenir accidentes laborales y acelerar la producción, la autonomía se integra cada vez más en la vida económica. Rafael expone que los drones, si bien han estado presentes en áreas socioculturales y periodísticas, ahora se utilizan en agricultura, ganadería, centros de distribución e incluso para entregas en lugares remotos, gracias a su capacidad de carga de hasta 16 kilos.
Eduardo tiene la certeza de que, una vez que existan las regulaciones legales pertinentes, el uso de estos aparatos voladores con IA se expandirá de manera significativa. «Ahorita estamos en un boom de la IA, donde ya la estamos viendo en todos lados. Cuando se den bien los movimientos, regulaciones y todo eso, va a haber un súper mega boom de drones también. Lo vamos a empezar a ver por todos lados. Entonces, ahorita es el momento», afirma Eduardo.
Ya están calentando motores y perfeccionando algoritmos. En sus mentes, se visualizan de nuevo en la cancha, escuchando el zumbido de los coloridos aparatos surcando los obstáculos en la próxima competencia de 2027. Aún no definen si se unirán nuevamente al equipo estadounidense o si competirán con su propia escuadra, pero sí afirman su compromiso de seguir siendo parte de este hito tecnológico.
