Zoológico nacional al límite: animales sin comida y decisiones entre su vida o el pago de sueldos
La crisis económica empuja a los cuidadores a elegir qué especie mantener; el Zoológico Nacional de Cuba advierte que los programas de cría están suspendidos.
El Zoológico Nacional de Cuba atraviesa una situación que sus propios trabajadores describen como de emergencia. La escasez de alimentos balanceados, la falta de medicamentos veterinarios y los recortes presupuestarios han obligado a la dirección a recortar raciones, posponer tratamientos y limitar los programas de reproducción. «Más crías significan más bocas que alimentar», explican empleados que han informado sobre la medida.
Quienes conviven día a día con los animales hablan de jaulas con menos verduras, raciones reducidas para herbívoros y demoras en medicamentos para infecciones comunes. Según versiones internas del Zoológico Nacional de Cuba, la prioridad se convirtió en mantener personal básico y la infraestructura mínima antes que ampliar poblaciones animales, una decisión que choca con la lógica conservacionista.
La explicación oficial mezcla el impacto de la crisis económica nacional, la falta de divisas para importaciones y problemas logísticos en la cadena de suministros. A ese cóctel se suman señales de mala gestión y falta de transparencia en la distribución de recursos, señalan especialistas en fauna y exfuncionarios consultados por este periódico.
El efecto es doble: por un lado se pone en riesgo la salud de animales emblemáticos que requieren dietas específicas y atención veterinaria constante; por otro, se frena cualquier programa de reproducción o rescate, reduciendo las posibilidades de conservación de especies en peligro que dependen del apoyo institucional.
La situación no es solo técnica, es humana. Cuidadores y empleados han visto cómo su salario alcanza para menos, y algunos admiten que la tensión entre pagar nóminas y garantizar alimento para animales crea días de decisiones dolorosas. «Cuidar no es solo limpiar jaulas; es planificar vidas», dice una trabajadora que pidió anonimato.
Ante este panorama, voces independientes y organizaciones civiles proponen medidas concretas: transparencia en el presupuesto del zoológico, acuerdos con universidades para programas veterinarios, campañas públicas de adopción simbólica que generen recursos y convenios con productores locales para asegurar alimento fresco. Propuestas que, además de mitigar la emergencia, fortalecen la relación entre la institución y la comunidad.
El Gobierno cubano y las autoridades responsables del sector deben responder con rapidez y claridad. La conservación no puede ser una moneda de cambio en momentos de austeridad. Si el Estado no dispone de recursos, corresponsabilizar a la sociedad —con controles y garantías— es una salida posible y más ética que reducir vidas a decisiones administrativas.
En una isla donde la escasez marca la vida cotidiana, los animales de los zoos son un termómetro silencioso del colapso de políticas públicas; su salvación exigirá tanto medidas inmediatas como reformas que recuperen la prioridad por la biodiversidad y la transparencia en el gasto público.
