Consumo en EE. UU. pierde impulso: la canasta de la compra deja de crecer y las familias aprietan el cinturón
Por Redacción Economía
Durante años los estadounidenses gastaron con vigor pese a la inflación, la mala confianza y crisis globales. Ahora, los últimos números confirman lo que muchos ya notaban en los supermercados y las cadenas de comida rápida: el consumo se está desacelerando. No es un derrumbe, pero sí un frenazo que afecta bolsillos y negocios por igual.
Qué dicen los datos
- Las ventas minoristas generales se mantuvieron estables en diciembre, según los datos oficiales del Departamento de Comercio, pero el llamado “grupo de control” —que excluye autos y gasolina— registró una ligera caída, lo que sugiere una desaceleración generalizada.
- La Reserva Federal de Nueva York muestra un aumento sostenido en la morosidad de tarjetas de crédito y préstamos para automóviles, señales tempranas de presión financiera sobre los hogares.
- La tasa de ahorro personal ha caído unos 2 puntos porcentuales desde abril y se ubica en niveles que no se veían desde 2008 si se excluyen los años de la pandemia.
- El crecimiento de los salarios reales se ha moderado y el mercado laboral ya no empuja con la misma fuerza que antes, lo que explica parte de la cautela en el gasto.
La evidencia desde dentro de las empresas
Directivos de grandes fabricantes y minoristas hablan claro: el consumidor recorta y prioriza. Dirk Van de Put, director ejecutivo de Mondelez, dijo recientemente que “la canasta de la compra promedio del consumidor estadunidense, independientemente de su nivel, no ha aumentado en los últimos dos o tres años” y que dentro de esa canasta se está gastando más en productos básicos. Esa misma prudencia se refleja en ventas más flojas en comida rápida y marcas premium.
Por qué importa para la gente
- Menos viajes al restaurante y más cenas en casa: las familias sustituyen salidas por compras en oferta y marcas blancas.
- Compras grandes en pausa: la compra de coches y electrodomésticos se dilata por la subida de las tasas y el temor a perder ingresos.
- Presión sobre quienes ya viven al límite: mayores morosidades en tarjetas y préstamos indican que los más vulnerables están cediendo terreno.
Contexto y matices
No todo es alarma. Parte del ajuste se explica porque, tras la pospandemia, muchas empresas subieron precios de bienes de consumo de forma agresiva. Es natural que con precios altos y tipos de interés elevados el consumidor se cuide. Además, en términos agregados los balances de los hogares siguen relativamente sólidos y las utilidades empresariales y la inversión empresarial mantienen a la economía en forma.
Qué dicen los expertos
- Greg Daco, de EY Parthenon, apunta que la caída del ahorro no es la señal clásica de una recesión: antes de una recesión, los hogares suelen ahorrar más. En cambio, que el ahorro baje mientras el consumo se desacelera sugiere una transición cuidadosa del gasto.
- Investigadores de Barclays, liderados por Mark Cus Babic, encuentran poca evidencia de un empeoramiento extremo de la desigualdad del consumo que explique esta desaceleración: el consumo es desigual desde hace tiempo, pero no parece acelerarse esa tendencia.
Riesgos y señales a vigilar
- Si las morosidades siguen subiendo, el crédito se encarece y el ajuste del consumo podría profundizarse.
- Un repunte inesperado de la inflación o un desplome del mercado de valores reducirían la confianza y el gasto.
- Decisiones políticas erráticas o la retirada de estímulos fiscales previstos podrían convertir la desaceleración en un problema mayor.
Qué pueden hacer los responsables públicos
- Apoyos focalizados para hogares vulnerables: transferencias temporales o créditos fiscales dirigidos a quienes pierden mayor poder adquisitivo.
- Políticas laborales que impulsen salarios reales: evitar que la moderación salarial se convierta en estancamiento prolongado.
- Medidas para frenar la morosidad: moratorias negociadas, programas de restructuración y vigilancia del crédito al consumidor.
Tabla resumen: señales clave
| Indicador | Estado reciente | Impacto |
|---|---|---|
| Ventas minoristas (grupo de control) | Ligera caída | Desaceleración del gasto cotidiano |
| Tasa de ahorro personal | ↓ 2 puntos desde abril | Menor colchón ante shocks |
| Morosidad tarjetas y autos | En aumento | Presión sobre hogares vulnerables |
Conclusión: ni pánico ni complacencia
El consumo estadounidense se está enfriando tras un periodo extraordinario de gasto. No es la señal de una catástrofe inminente, pero sí un llamado de atención. Las familias recortan donde pueden; las empresas ajustan precios y estrategias; los políticos deben ofrecer respuestas inteligibles y focalizadas. Si la inflación baja, el empleo mejora y llegan alivios fiscales bien diseñados, la desaceleración puede revertirse. Si no, el enfriamiento podría convertirse en problema social y político. Las próximas semanas serán decisivas: consumidores, empresas y gobiernos están en una cuerda floja que pide soluciones prácticas y rápidas.
