A 110 años del congreso que sacudió a México y aún reclama justicia para las mujeres
MÉRIDA, Yucatán — En enero de 1916, mientras México se recomponía tras la Revolución, un grupo de mujeres se plantó en público y dijo: queremos voz. Ese gesto, celebrado entre el 13 y el 16 de enero en el Primer Congreso Feminista de América, no fue una anécdota: fue detonante. A 110 años, la memoria de aquel encuentro vuelve como espejo incómodo: muestra avances reales y deudas que siguen acumulándose.
El Congreso, convocado por el gobernador Salvador Alvarado y con la participación de lideresas y docentes yucatecas que impulsaron la movilización regional, puso sobre la mesa temas que hoy siguen en disputa: educación, derechos políticos, voto y representación, maternidad, control sobre el cuerpo y reconocimiento del trabajo de cuidados. Según la ex diputada Martha Tagle, en entrevista con MILENIO, recordar ese episodio no es ceremonial: es una obligación política para entender de dónde vienen las luchas y qué falta.
Los logros que se celebran
- Visibilidad política: el feminismo colocó desde entonces la participación política como requisito para transformar la sociedad; hoy existe paridad constitucional y por primera vez una mujer ocupa la Presidencia de la República.
- Avances en derechos reproductivos: en 22 congresos estatales se ha aprobado la interrupción legal del embarazo, un avance histórico en autonomía, aunque limitado y frágil.
- Reconocimiento social del trabajo femenino: el debate sobre el valor del trabajo remunerado y no remunerado se instaló en la agenda pública y alimentó políticas educativas y laborales en décadas posteriores.
Las deudas que persisten
- Desigualdad estructural: quienes llegan a las mesas de decisión siguen siendo en su mayoría mujeres con mayores oportunidades educativas y económicas; la brecha de representación real y la desigualdad de acceso no se han cerrado.
- Violencia política y de género: la violencia contra las mujeres, incluida la política, limita la posibilidad real de decidir y gobernar; las cifras y encuestas oficiales muestran incrementos preocupantes desde la pandemia.
- Acceso desigual a derechos reproductivos: aunque hay avances, la legalidad y el acceso efectivo a la interrupción del embarazo varían según el estado y la condición socioeconómica.
- Carga de cuidados: la expectativa social de la “supermujer” que lo hace todo sigue vigente y afecta empleabilidad, salarios y salud mental.
Un balance en cifras y metáforas
| Avances | Deudas |
| Paridad electoral; mayor presencia femenina en cargos públicos; reconocimiento público de las demandas feministas. | Violencia política de género, brechas salariales, acceso fragmentado al aborto seguro, concentración de representación en sectores privilegiados. |
La política y el símbolo: Sheinbaum y la conmemoración
La presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la conmemoración de 2026 tendría un peso simbólico: reconocer a las que abrieron el camino. Pero como advierte Tagle, la narrativa del “llegamos todas” no es suficiente si no cambia lo material. Tener cargos no es lo mismo que transformar las condiciones en las que millones de mujeres viven: empleo, salarios, cuidado y seguridad siguen siendo la verdadera medida.
Qué falta y qué puede hacerse
- Políticas públicas con rostro: guarderías públicas de calidad, licencias parentales equitativas y cuidado remunerado que reconozca el valor social del trabajo doméstico.
- Protección real contra la violencia: leyes con aplicación efectiva que penalicen la violencia política y sexual y mecanismos de acompañamiento a víctimas.
- Acceso pleno a derechos reproductivos en todo el país: homogeneizar la garantía de servicios médicos y legales para evitar que la autonomía dependa del domicilio.
- Democratizar la representación: impulso a candidaturas y liderazgos de mujeres de sectores rurales, indígenas y con menos recursos para romper la endogamia de la élite política.
Voces que recuerdan y empujan
“Siempre que pienso en ese Congreso, pienso en las condiciones tan adversas en las que se realizó”, dice Martha Tagle. Aquellas mujeres viajaron días para debatir en un país con altas tasas de analfabetismo y pocas infraestructuras. Hoy las carreteras son mejores, pero las barreras que impiden la igualdad sustantiva persisten. La conmemoración de 2026 no debe ser un acto de nostalgia: tiene que ser una auditoría pública sobre lo que falta.
La memoria histórica no es un museo: es un contrato con el futuro. El Congreso de Mérida de 1916 encendió una hoguera que aún calienta las reivindicaciones de hoy. Apagarla sería retroceder. Mantenerla encendida exige políticas claras, recursos y una sociedad vigilante.
Fuentes: archivos históricos del Primer Congreso Feminista de Mérida (1916), entrevista con Martha Tagle en MILENIO, datos y encuestas oficiales sobre violencia y derechos reproductivos (INEGI y reportes estatales), análisis de agenda feminista y reformas de paridad.
