Suiza sitúa a Congo y al M23 frente a frente para intentar frenar la guerra

La República Democrática del Congo (RDC) y el grupo armado AFC/M23, respaldado por Ruanda, acordaron una hoja de ruta para avanzar en las negociaciones de paz, según un comunicado conjunto publicado este domingo por Suiza. La cita helvética, presentada por Berna como un espacio neutral, puso sobre la mesa algo más que palabras: compromisos formales para iniciar conversaciones y crear mecanismos de verificación. Pero la fragilidad del acuerdo y la desconfianza histórica hacen que el camino sea angosto.

El regreso del M23 a la escena militar en los últimos años dejó tras de sí desplazamiento, mercados cerrados y familias que viven con el miedo como rutina. Organizaciones humanitarias y la ONU han documentado desplazamientos masivos y violaciones de derechos en el este de la RDC; estos daños son el punto de partida que la hoja de ruta pretende corregir. Según el comunicado de Suiza, las partes aceptaron crear grupos técnicos que aborden alto el fuego, seguridad de las poblaciones civiles y acceso humanitario. Nada de eso será efectivo sin verificación externa y sanciones claras ante incumplimientos.

La negociación tiene dos riesgos grandes. Primero, la influencia regional: la comunidad internacional, incluida la misma Suiza, señala la responsabilidad política de Ruanda en el respaldo al M23. El acuerdo suizo reconoce esas tensiones pero no sustituye la necesidad de que actores como la Unión Africana y la ONU garanticen verificación creíble. Segundo, la impunidad. Sin mecanismos que investiguen y enjuicien abusos, cualquier cesión quedará sin reparaciones y la gente de a pie seguirá pagando la factura.

Para quienes viven en las provincias orientales, una hoja de ruta no es un papel más. Significa que los mercados puedan reabrir, que las rutas de comercio y salud se liberen y que las escuelas vuelvan a ser seguras. Significa también acceso de ONG y de la Cruz Roja para atender a los heridos y facilitar el retorno de desplazados. En términos prácticos, la sociedad civil congoleña exige garantías: observadores internacionales en terreno, rutas humanitarias seguras y plazos claros para la desmovilización de combatientes.

Suiza actúa aquí como anfitrión y garante anfitrión, pero la experiencia muestra que los mediadores privados sólo pueden crear condiciones; la aplicación requiere voluntad política y presión multilateral. Es necesario que la ONU, la Unión Africana y la comunidad europea coordinen sanciones y rutas de verificación. También es imprescindible que la prensa y las ONGs locales mantengan la vigilancia para que lo pactado no quede en letra muerta.

El avance de este proceso será una prueba para todos: para el gobierno de la RDC, para el M23 y para los países vecinos. Si la hoja de ruta termina en compromisos concretos y verificados, supondrá un alivio para comunidades que llevan demasiado tiempo atrapadas en la trinchera. Si fracasa, el resultado será predecible: más sufrimiento y nueva escalada. Por ahora, la cita en Suiza ofrece una ventana de oportunidad que la comunidad internacional y los congoleños deben cuidar entre todos, con transparencia y exigencia.

Fuente: comunicado conjunto de Suiza y reportes de Naciones Unidas sobre la situación en la RDC.

Con información e imágenes de: France 24