Grieta en los brics: soberanía, petróleo y silencios que preocupan al sur
Nueva Delhi. La foto oficial de los líderes en la cumbre de los brics transmitió unidad. Pero tras el gesto quedó un vacío: la declaración final, que pide respetar la soberanía de los Estados y llama a la moderación en Medio Oriente, evita tensiones explícitas entre socios y disimula fricciones que sí afectan la vida cotidiana de millones.
En el primer día del encuentro de la coalición de 11 países, el comunicado optó por un lenguaje de mínimos. No hubo condenas individuales ni compromisos concretos sobre temas que dividen al bloque: desde la guerra en Ucrania hasta la política hacia Israel y los crecientes intereses energéticos de los nuevos miembros del Golfo. Esa prudencia no es inocua. Según Sergio Cesarín, internacionalista e investigador del CONICET, la redacción refleja un equilibrio precario entre discursos soberanistas y alianzas económicas.
“El mensaje de fondo es conservar espacios para negociar por detrás”, señala Cesarín. En palabras sencillas, es como una cena familiar en la que nadie habla de dinero delante de los invitados, pero las cuentas se discuten en la cocina. Esa ambigüedad tiene efectos concretos: dificulta respuestas concertadas frente a sanciones, complica mecanismos financieros alternativos como el Banco de Desarrollo de los brics y deja sin protección a poblaciones afectadas por crisis humanitarias.
La ampliación del bloque a 11 países, impulsada por India y China, suma peso geopolítico pero también intereses contrapuestos. Países con altas reservas energéticas y vínculos crecientes con Occidente ven en el brics una plataforma para diversificar mercados. Otros, con posturas más críticas frente a sanciones internacionales, presionan por defensas institucionales a la soberanía que suenan a blindaje ante reproches por violaciones a derechos humanos. Esa tensión quedó patente en la vaguedad de la declaración sobre Medio Oriente: pedir moderación suena bien, pero no cambia la realidad en las comunidades que sufren la guerra y el desplazamiento.
En términos económicos, la retórica sobre soberanía choca con la necesidad de integración comercial. Para la gente, eso se traduce en incertidumbre sobre precios y empleos. Si los países del bloque no definen una política común para sortear barreras financieras, las pequeñas y medianas empresas que exportan alimentos o insumos industriales seguirán pagando el costo de la fragmentación. El investigador del CONICET recuerda que los mecanismos multilaterales funcionan cuando hay reglas claras; las ambigüedades favorecen a grandes corporaciones y perjudican a productores locales.
Otro nudo es la relación con Rusia y China. Mientras Moscú busca respaldo contra sanciones por la guerra en Ucrania, Pekín promueve expansión comercial sin necesariamente asumir liderazgos políticos que comprometan al resto. En la declaración final, esa dualidad se resolvió con frases generales. Para Cesarín, eso revela una fractura entre quienes quieren un bloque normativo —reglas claras, cooperación financiera y promoción de derechos sociales— y quienes buscan principalmente un club comercial y diplomático que proteja sus intereses estratégicos.
Las implicaciones prácticas llegan rápido: sin consensos, proyectos como una moneda de intercambio al margen del dólar o medidas para proteger cadenas de valor quedan postergados. Eso implica mayor exposición a fluctuaciones de precios, restricciones a la importación de insumos médicos o tecnológicos y, en última instancia, recortes que afectan la calidad de servicios públicos.
El comunicado también esquivó debates sobre democracia y derechos. Varios miembros del brics enfrentan críticas internas por restricciones a la prensa, persecución política o desigualdad estructural. Al no abordar esos temas, el bloque pierde la oportunidad de articular una agenda de bienestar social que conecte su retórica de soberanía con políticas concretas en salud, educación y justicia social, áreas de interés para la ciudadanía que exige respuestas tangibles.
Queda, sin embargo, un margen para la construcción. Cesarín advierte que la clave estará en la próxima fase: poner sobre la mesa propuestas concretas para cooperación en vacunas, tecnología agrícola y financiamiento a proyectos urbanos. Si se prioriza eso, el brics puede dejar de ser una alianza de titulares y convertirse en una herramienta útil para la gente. Si no, la cumbre será recordada por su habilidad para evitar conflictos, no por su capacidad de resolver problemas reales.
En definitiva, la declaración final fue un bálsamo diplomático pero una radiografía de consenso mínimo. Los brics se presentan como una alternativa al orden global, pero mientras no superen sus contradicciones internas seguirán funcionando como una cámara de eco: cada país escucha su propio interés y la población sigue esperando respuestas claras sobre empleo, precios y derechos. El desafío es que esa foto de familia deje de ser solo imagen y pase a garantizar bienestar.
Fuente: entrevista con Sergio Cesarín (CONICET) y revisión de la declaración oficial de la cumbre en Nueva Delhi.
