‘Blanca y Virginia’, una reflexión que viaja en Metro

El Metro de la Ciudad de México es más que un simple medio de transporte; es un microcosmos de la vida urbana, un escenario donde se entrelazan miles de historias cotidianas. En este vibrante universo subterráneo, la obra teatral ‘Blanca y Virginia, a un metro del deseo’ nos invita a reflexionar sobre la búsqueda de nuestros anhelos más profundos.

La puesta en escena, bajo la dirección de Édgar Omar Moreno, se adentra en la vida de dos mujeres, Blanca y Virginia, quienes transitan por el mismo espacio físico del Metro, pero sus caminos, al principio, parecen no cruzarse. Sin embargo, ambas encuentran en este trayecto un lugar propicio para la introspección y el encuentro con sus deseos más íntimos. Estas vivencias, marcadas por el ritmo de las estaciones, son relatadas a través de dos monólogos.

Dos historias, un mismo escenario

La historia de Blanca Madero, interpretada por Angélica Santa Olaya, se inclina hacia el drama. Blanca llega a la Ciudad de México desde la provincia en busca de su hermana menor. Una situación personal delicada la impulsa a buscar el apoyo y el refugio de su familiar. La narrativa de Blanca, llena de complejidades y giros inesperados, se desarrolla en paralelo con el recorrido de las estaciones del Metro, creando una atmósfera íntima y cargada de emoción.

Por otro lado, el monólogo de Virginia ofrece una perspectiva más ligera y cómica. En esta parte de la obra, Virginia, interpretada por el mismo director, Édgar Omar Moreno, comparte sus vivencias desde un ángulo distinto. Se describe a sí misma como una mujer católica ferviente y apasionada que acude a un espacio de confesión para liberarse de sus culpas. A través de su relato, Virginia expone sus deseos de una manera más desenfadada, explorando sus anhelos con una chispa de humor.

El desafío de encarnar otros roles

Para Édgar Omar Moreno, dar vida a Virginia ha representado un ejercicio actoral fascinante. El director confiesa que ha sido un proceso que lo ha confrontado, permitiéndole explorar no solo el aspecto físico del personaje, sino también su psique. «Lo interesante ha sido reflexionar psicológicamente en cómo es este personaje de esta realidad, cómo se conecta con su espiritualidad y al mismo tiempo su conexión con la sensualidad, la sexualidad y sus ganas de ejercerlas», comenta Moreno.

A pesar de sus diferencias, Blanca y Virginia comparten una cualidad fundamental: la pasión. Moreno señala que ambas mujeres utilizan el deseo y su cuerpo como herramientas para buscar la conexión, el aprendizaje, el amor o simplemente una sensación de bienestar. Sin embargo, cada camino conlleva un precio, y las protagonistas se enfrentarán a la incógnita de si sus elecciones son las correctas.

El Metro, un testigo de historias

La elección del Metro como escenario principal de la obra no es casual. El director explica que este medio de transporte ofrece una oportunidad única para sentirnos acompañados, incluso en la aparente soledad de nuestros pensamientos. «Si nos abriéramos un poco más podríamos conectar con otras personas», sugiere Moreno, resaltando el potencial de conexión humana que reside en estos espacios concurridos.

Si bien el Metro es un escenario particularmente rico por su uso y amplitud, la obra también presenta otro espacio, cuyo descubrimiento queda a cargo del espectador. La invitación es a sumergirse en estas historias que cobran vida entre estaciones, reflexionando sobre nuestros propios deseos y el intrincado viaje que es la vida.

‘Blanca y Virginia, a un metro del deseo’ se presentará en el Foro Shakespeare los domingos 21 y 28 de diciembre, así como el 4 y 11 de enero, en punto de las 18:00 horas. Una oportunidad imperdible para reflexionar sobre la condición humana a través de la mirada de dos mujeres y el testigo silente de nuestro transporte colectivo.

Con información e imágenes de: Milenio.com