El asesor de Trump Stephen Miller justifica que EE UU se haga con Groenlandia: «Somos una superpotencia»
Las declaraciones de uno de los principales arquitectos de la política migratoria de la Casa Blanca reavivan un debate que parecía cerrado: la idea –rechazada en el pasado por Dinamarca y la propia Groenlandia– de incorporar la isla ártica a los intereses estratégicos estadounidenses.
Stephen Miller, asesor cercano al expresidente Donald Trump, declaró este fin de semana que “somos una superpotencia. Y con el presidente Trump, nos comportaremos como tal”, al respaldar el interés estadounidense por Groenlandia y sugiriendo que ese interés podría impulsarse incluso con presión decidida. La afirmación vuelve a poner sobre la mesa un asunto que en 2019 ya provocó una crisis diplomática entre Washington y Copenhague, cuando la Casa Blanca exploró la idea de comprar la isla.
Es importante aclarar dos cosas desde el inicio: 1) Groenlandia es un territorio con amplio autogobierno dentro del Reino de Dinamarca y sus instituciones y población, mayoritariamente inuit, tienen voz sobre sus recursos y su futuro; 2) la adquisición forzosa de territorio por la vía militar contradice la Carta de las Naciones Unidas y las normas básicas del derecho internacional, por lo que cualquier insinuación de usar la fuerza abre un debate legal y ético profundo y potencialmente peligroso.
Contexto histórico y estratégico
La idea de incorporar territorios por compra o cesión tiene precedentes históricos (por ejemplo la compra de Alaska en 1867), pero el siglo XXI es otro escenario: la soberanía, los derechos de pueblos indígenas y las reglas internacionales complican cualquier operación similar. Groenlandia atrae interés por varias razones:
- Ubicación estratégica en el Ártico, crucial para operaciones militares y control de rutas aéreas y marítimas.
- Riqueza potencial en recursos minerales, tierras raras y posible acceso a reservas energéticas.
- Interés creciente de potencias como Rusia y China en el Ártico, lo que aumenta la competencia geopolítica.
Reacciones y actores clave
- Dinamarca: en 2019 la primera ministra danesa calificó la propuesta de “absurda” y la relación bilateral pasó por un momento tenso. Cualquier movimiento sobre Groenlandia requeriría la implicación directa de Copenhague y el consenso político dentro del Reino de Dinamarca.
- Groenlandia: las autoridades y la sociedad civil groenlandesa defienden su autogobierno y, en buena parte, su derecho a decidir sobre sus recursos y su futuro. La idea de ser «vendida» o anexionada ha suscitado rechazo.
- Comunidad internacional y derecho: la adquisición por la fuerza sería una violación clara del derecho internacional y dañaría la reputación y la credibilidad de quien la promueve.
Ventajas e inconvenientes: un balance rápido
| Posibles beneficios | Riesgos y costos |
|---|---|
| Acceso estratégico al Ártico y a infraestructuras clave. | Rotura de relaciones con Dinamarca y daño a alianzas como la OTAN. |
| Potenciales recursos minerales y oportunidades económicas. | Resistencia y vulneración de derechos de la población inuit; conflicto político interno. |
| Refuerzo de presencia frente a competidores geopolíticos. | Alto coste legal, diplomático y reputacional. La ocupación o uso de la fuerza sería ilegal. |
¿Qué haría falta realmente para que EEUU “se haga” con Groenlandia?
No existe un procedimiento sencillo ni legítimo para que una potencia se apropie de un territorio soberano sin su consentimiento. Los pasos legales y políticos, en un escenario de compra o cesión negociada, incluirían:
- Acuerdo entre Dinamarca y Groenlandia, y probablemente la aprobación parlamentaria danesa.
- Consentimiento amplio de la sociedad groenlandesa; un referéndum sería imprescindible para evitar imponer decisiones desde el exterior.
- En EE UU, cualquier tratado territorial mayor requeriría mecanismos constitucionales y probablemente un amplio debate en el Congreso.
Lo que está en juego para la gente
Más allá de la geopolítica, estos debates afectan vidas concretas: comunidades inuit preocupadas por su tierra y su cultura, pescadores y trabajadores locales, y ciudadanos que dependen de políticas públicas para salud, educación y bienestar. Una decisión impulsada desde fuera y sin participación local puede transformar comunidades y generar desigualdad y conflicto.
Valoración y llamado a la participación
La afirmación de Miller, que refleja una visión de poder más asertiva, obliga a mirar con atención las prioridades de las políticas exteriores y a preguntar cómo se armonizan los intereses estratégicos con la legalidad, los derechos humanos y la voz de las comunidades afectadas. Si la política internacional fuera un tablero de ajedrez, intentar mover una pieza sin consenso es arriesgar la partida y las reglas del juego.
Como lectores y ciudadanos, conviene exigir transparencia a los gobiernos, información clara sobre objetivos estratégicos y mecanismos de control democrático. Las grandes decisiones sobre soberanía y territorio no deberían decidirse en tuits ni en declaraciones aisladas; requieren debate público, respeto al derecho internacional y, sobre todo, la participación de las personas que vivirían los efectos de esas decisiones.
Fuentes consultadas: reportes periodísticos sobre la propuesta de compra de Groenlandia en 2019, declaraciones públicas de responsables daneses y groenlandeses, y análisis de derecho internacional sobre la prohibición del uso de la fuerza en la adquisición de territorio.
