Se acabó el siglo americano: Mazzucato ve el final del imperio romano

Barcelona. — Mariana Mazzucato, la economista italo‑americana que sacude las convenciones desde la University College London, no anda con rodeos: “Los años de hegemonía de Estados Unidos han terminado, estamos viendo el final del imperio romano”, afirmó en la Global Progressive Mobilisation celebrada en Barcelona. Con su habitual mezcla de provocación y datos, Mazzucato aprovecha el diagnóstico para proponer una receta activa: misiones públicas, inversión estratégica y una política industrial con rostro humano.

Quién es y por qué importa

Mazzucato (57 años, nacida en Roma y formada entre Italia, EE. UU. y Reino Unido) es autora de obras clave traducidas al español como El Estado emprendedor y Misión economía. Defiende que el Estado no debe limitarse a corregir fallos de mercado: tiene que dirigir, financiar e incluso arriesgar para crear innovación que beneficie a la mayoría. En Barcelona celebró la creación de un Consejo Global para una Economía del Bien Común junto al Gobierno español, pero su mirada sobre la geopolítica es menos optimista.

¿Por qué dice que la hegemonía estadounidense toca a su fin?

  • Multipolaridad económica: en las últimas décadas el crecimiento de China y otras economías emergentes ha reducido la proporción del PIB mundial atribuible a Estados Unidos. Instituciones como el FMI y el Banco Mundial documentan esa redistribución.
  • Competencia tecnológica y estratégica: la carrera por la inteligencia artificial, semiconductores y energía renovable ya no depende de un solo actor; participan bloques enteros y coaliciones regionales.
  • Problemas internos: polarización política, erosión de consenso social, crisis de rentas y cadena de suministros han debilitado la capacidad de proyección externa.
  • Reconfiguración de alianzas: acuerdos comerciales, diplomacias digitales y nuevos foros multilaterales están diversificando el mapa del poder.

Lo que no dijo, pero conviene matizar

  • Que se hable de “final” no implica colapso inmediato. EE. UU. sigue siendo potencia militar, financiera y tecnológica. Lo que Mazzucato describe es un cambio de era: de un mundo unipolar a uno competitivo y fragmentado.
  • El paso hacia un orden multipolar presenta riesgos (conflictos, fragmentación tecnológica) y oportunidades (mayor diversidad de modelos económicos).

Qué propone Mazzucato y cómo afectaría esto a la gente

Su receta es práctica y dirigida: misiones públicas orientadas a problemas concretos (cambio climático, salud pública, transición energética) que movilicen recursos públicos y privados bajo reglas claras. Esto puede traducirse en:

  • Más empleo estable en industrias verdes y tecnológicas gracias a proyectos públicos de gran escala.
  • Mejor acceso a servicios públicos y medicamentos si el Estado condiciona apoyos a resultados sociales.
  • Impuestos y regulación redistributiva para evitar que la innovación beneficie solo a unas cuantas corporaciones.

Una tabla para entender el cambio

Tendencia Antes (hegemonía unipolar) Ahora (mundo multipolar)
Economía Dominio de mercados y finanzas por EE. UU. Competencia entre bloques; mayor interdependencia
Tecnología Centros concentrados en pocas empresas y países Redes y ecosistemas diversos, rivalidad por chips y IA
Política Influencia diplomática centralizada Alianzas regionales y diplomacia económica multipolar

Críticas y límites del mensaje

  • Algunos economistas señalan que Mazzucato idealiza al Estado y puede subestimar riesgos de captura política y burocracia ineficiente. Ella responde pidiendo transparencia, gobernanza democrática y metas claras.
  • Otros recuerdan que el poder blando y los canales financieros globales siguen estando muy ligados al dólar y a instituciones con sede en occidente, lo que ralentiza cualquier desplome abrupto.

Conclusión: una llamada ciudadana

Mazzucato no viene solo a pronosticar decadencias; trae una agenda. Si el siglo americano se diluye, las sociedades tendrán que decidir cómo gestionar la transición: dejar que el mercado dibuje el mapa o usar la política pública para orientar la innovación hacia el bien común. Para el ciudadano común eso significa preguntar, exigir transparencia y participar en debates sobre fiscalidad, vacunación, energía y educación. En sus palabras: la historia no es una tragedia anunciada; es un terreno de batalla político donde las misiones públicas pueden marcar la diferencia.

En Barcelona, la economista dejó claro que el diagnóstico es duro pero que el antídoto existe: misiones, Estado activo y controles democráticos para que la tecnología y la inversión trabajen para la mayoría.

Con información e imágenes de: elpais.com