Monte de piedad dice si sus sucursales están abiertas 11 meses después del cierre

Elena Flores Luna, ejecutiva de Atención a Clientes del Monte de Piedad, rompió el silencio esta semana y explicó qué ha pasado con las sucursales que cerraron hace 11 meses. Según Flores Luna, la institución ha mantenido operaciones limitadas: algunas oficinas han reabierto con aforos y horarios reducidos, otras operan solo por cita y una parte del servicio se ha migrado a canales digitales y telefónicos bajo el argumento de modernización y reducción de costos.

La explicación institucional llega tarde para muchas familias. El Monte de Piedad, conocido por ofrecer créditos prendarios a sectores de bajos ingresos, dejó a usuarios dependientes de la atención presencial en una encrucijada: personas mayores, jornaleros y quienes no tienen acceso confiable a internet denuncian que el cierre prolongado fue como quitarle la llave a un ahorro informal que les permitía salir de apuros.

Flores Luna reconoció ante este diario que la transición no ha sido homogénea ni transparente. «Hemos priorizado la seguridad y la digitalización, pero entendemos que hay brechas que atender», dijo. La versión oficial del Nacional Monte de Piedad admite ajustes operativos, aunque evita dar un mapa claro de sucursales reabiertas y fechas definitivas para la normalización del servicio.

La falta de información precisa no es un detalle menor. En la práctica, el cierre parcial afecta el flujo de efectivo en barrios populares, encarece alternativas —como empeños informales o préstamos con tasas más altas— y obliga a desplazamientos costosos para acceder a una oficina abierta. Activistas por el derecho al crédito y usuarios consultados por este periódico señalan que la institución debería publicar un listado actualizado de sucursales y ofrecer mecanismos excepcionales de atención presencial para los más vulnerables.

Desde una mirada crítica, la decisión de priorizar lo digital sin un plan claro de inclusión reproduce errores comunes en la administración pública y en empresas con rol social: cortar servicios básicos en nombre de la modernidad sin construir puentes para quienes quedan atrás. La respuesta del Monte de Piedad, encabezada por palabras de Flores Luna, reconoce el problema, pero no lo resuelve del todo.

Ante ello, organizaciones civiles y algunas voces en el sector financiero recomiendan medidas concretas: transparencia en horarios y reaperturas, puntos móviles de atención en colonias afectadas y convenios con municipios para facilitar trámites presenciales. También advierten sobre la necesidad de supervisión por parte de instancias públicas para que una institución con vocación social no deje sin cobijo a sus usuarios más pobres.

El Nacional Monte de Piedad tiene ahora la oportunidad de transformar un cierre traumático en una reapertura responsable. Para ello debe explicar con datos, fechas y cobertura exacta. Mientras tanto, miles de usuarios siguen esperando que la puerta que se cerró hace 11 meses deje de estar entreabierta.

Con información e imágenes de: informador.mx