Me duele más el silencio amigo que la palabra enemiga, acusa Scherer Ibarra en su nuevo libro

En la presentación de «Ni venganza ni perdón», coescrito con el periodista Jorge Fernández Menéndez, el jurista cuestiona la falta de rendición de cuentas en el servicio público y señala que lo que más lastima no son los ataques de adversarios, sino la indiferencia de quienes debían respaldar la verdad.

“No extraño las palabras del enemigo, extraño los silencios del amigo”, dijo Julio Scherer Ibarra al presentar su libro, y con esa frase puso el dedo en una herida que toca a la política y a la administración pública: la traición por omisión. El autor, que ha desempeñado cargos de asesoría en el gobierno, planteó que todos los servidores públicos deberían someterse a ejercicios de rendición de cuentas como el que propone en estas páginas.

La metáfora es simple y cruda: un golpe directo duele, pero lo que corroe es el abandono cotidiano. Scherer Ibarra y Fernández Menéndez abordan en el libro temas de justicia, responsabilidad institucional y la tensión entre la búsqueda de verdad y la tentación de la revancha. Desde un enfoque que mezcla memoria personal y análisis político, el texto reclama una cultura pública donde la transparencia y la autocrítica no sean castigos, sino herramientas de reparación.

¿Por qué importa esto para la gente? Porque los silencios de quienes tienen poder —ministros, consejeros, funcionarios cercanos— suelen convertir errores en impunidad y decisiones cuestionables en políticas que golpean a la ciudadanía. Cuando un funcionario no explica sus decisiones, las consecuencias no son abstractas: se traducen en contratos sospechosos, fallas en seguridad pública, servicios de salud que no llegan y derechos que quedan a merced del cálculo político.

Críticos del autor dicen que el libro busca lavar culpas o justificar omisiones. Scherer Ibarra responde con argumentos y ejemplos: la rendición de cuentas, afirma, debe ser sistemática e imparcial, y no un espectáculo mediático. En la presentación se escucharon preguntas incómodas y testimonios que alimentan la idea central del libro: la responsabilidad colectiva requiere tanto valor para hablar como para escuchar.

Esto es lo que propone, en líneas generales, el texto y lo que expertos consultados exigen ahora con más énfasis:

  • Transparencia proactiva: informes públicos y accesibles sobre decisiones clave en la administración.
  • Protección a denunciantes: garantías para quienes señalan irregularidades dentro del aparato estatal.
  • Mecanismos de evaluación externa: auditorías independientes y plazos claros para rendir cuentas.

Para hacer más tangible el mensaje, aquí un resumen de propuestas y sus efectos esperados:

Propuesta Impacto en la vida cotidiana
Informes públicos periódicos Menos opacidad en contratos y presupuestos; ciudadanos mejor informados
Protección legal a denunciantes Más denuncias veraces, menos corrupción encubierta
Auditorías independientes Corrección temprana de errores que afectan servicios públicos

El libro no es un manual de instrucciones ni una biografía íntima; es un llamado a transformar silencios cómplices en debates públicos. Scherer Ibarra coloca sobre la mesa una pregunta que duele y que exige respuesta: ¿quién protege a la ciudadanía cuando quienes deberían alzar la voz prefieren callar?

Más allá de coincidencias o desacuerdos con su trayectoria, la discusión que propone toca fibras reales: la democracia se construye con palabras, pero sobre todo con el coraje de enfrentar lo que se hizo mal. Si la política fuera una casa, dice el autor entre líneas, los silencios del amigo son las grietas que terminan por derrumbarla. El reto es convertir esas grietas en puertas abiertas a la claridad y la justicia.

Qué sigue: el libro promete alimentar debates en foros públicos y académicos. Habrá, seguramente, quienes lo aplaudan por promover la rendición de cuentas y quienes lo cuestionen por oportunismo. Lo innegable es que la frase escogida como punzada central —no extraño las palabras del enemigo, extraño los silencios del amigo— ya encendió la conversación sobre lealtades, responsabilidades y la necesidad de que los servidores públicos expliquen lo que hacen.

Con información e imágenes de: Proceso.com.mx